Sólo existen dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy completamente seguro.
A Einstein

Ítaca-Helsinki

10 de September, 2013

 

El tema es éste:

1. Nunca he sido muy de nacionalismos. Me la pela desde dónde me gobiernan, lo que me importa es cómo. Así que más bien he sido siempre bastante partidaria de que nos colonizaran los suecos y que nos impusieran el Estado del Bienestar y una educación verdaderamente democrática. Luego caí en que los suecos son lo bastante idiotas como para tener monarquía, así que ahora prefiero que nos invadan los finlandeses, que parecen gente sensata. Pero..

2. El año pasado fui a la mani por la Independència porque: a) estoy hasta el toto de que me llamen “ladrona” cada vez que voy por las tierras de España (así por las buenas, que no voy robándole la cartera a nadie, aunque ganas me dan para que se quejen por algo) b) estoy hasta más allá de que me llamen “llorona” cuando cuento la historia verídica mencionada en el apartado a) y c) porque tal y como está el patio, no es que crea en la independencia es que creo en huir despavorida. Joder, que el país está en manos de Rajoy. El autor de “todo es mentira, salvo algunas cosas, que son verdad” y otros grandes éxitos. En fin, que fui a la mani y estuvo bien y tal y durante un rato estuve como al 100% segura de que apoyaba esto de divorciarnos e ir por nuestra cuenta.

3. Pero… Bueno, básicamente pasó esto:

En serio, veo esta foto y pienso: “contigo no, feo”

4. Pero luego también pasó toda esa gente diciendo que la independencia es inconstitucional, que el estado federal es inconstitucional, que una consulta sobre el tema es inconstitucional. Como si la Constitución significara algo. Políticos, dejad de actuar como si la Constitución fuera virgen, que ya sabemos que se la folla todo el mundo. Desde siempre, este país ha dado clarísimas muestras de que no acababa de pillarle el tranquillo a la democracia, pero el rasgarse las vestiduras porque alguien sugiera preguntar a la población qué piensa sobre un tema ha dejado clarísimo que no tenemos ni puta idea. La gente tiene derecho a opinar. Y a decidir. Además,  igual sale que NO. Y si sale que SÍ, habrá que hacer lo que hace la gente/países sensatos: pues sentarse y hablar del tema, que es como se resuelven los problemas. No vale mirar para otro lado y esperar, a ver si se pasa la fiebre. Y menos vale el rollito ése de “la maté porque era mía (y encima, era constitucional)” que se oye en más de una tertulia.

Así que, a un día de la Diada, no tengo nada clara mi posición. De hecho, creo que no tengo posición: todo me parece igual de mierda. Así que supongo que colgaré una bandera finlandesa en el balcón y otearé el horizonte, a ver si vienen ya los vikingos.