Sólo existen dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy completamente seguro.
A Einstein

Contra natura

4 de June, 2009

La noticia de hoy es que una pareja de pingüinos gays de un zoo alemán han adoptado un polluelo, abandonado por sus padres biológicos cuando era tan sólo un huevo. Vale, hay más noticias en el día de hoy, pero yo siento especial debilidad por los pingüinos así que me quedo con ésta.

Lo de la homosexualidad se ve que es muy habitual entre los pingüinos. Y no pasa nada por ello: a los pingüinos se la sopla quién se enreda con quién. Nadie los margina ni se lleva las alas a la cabeza ni grazna escandalizado. Es lo que pasa cuando eres un bicho y no tienes (dicen) inteligencia, ni alma, ni Dónde estás corazón para chimorrear. Un sin dios, vaya. Y tan contentos. Bueno, es un decir: quién haya visto “El viaje del Emperador” (a quién no la haya visto, se la recomiendo. Eso sí en versión original subtitulada, que el doblaje a cargo de Maribel Verdú y José Coronado da grimilla), sabrá que la vida del pingüino medio es bastante jodida. Bastante tienen con lo que tienen - medio hostil, focas que se los comen y cosas así- para preocuparse por quién se arrejunta con quién, quién cría a quién y cosas así.

Que cada cual saque sus conclusiones…

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Cuando yo era pequeñita, veía a menudo con mi padre las viejas pelis de la Hammer en las que solían trabajar Peter Cushing, Vincent Price y Cvampirohristopher Lee y en las que siempre, pero siempre, alguien padecía catalepsia y terminaba enterrado vivo. Mi madre cortó de raíz mi precoz aficción al cine de terror ( y serie B), después de que le pidiera, muy seria a mis seis años, que si alguna vez me moría, se asegurase muy mucho de que estaba muerta de verdad antes de enterrarme. Desde ese momento, el único cine que se me autorizó a ver - aparte de las pelis antiguas que le molaban a mi abuelo,- fueron pelis de la Disney. Pero el mal estaba hecho: la catalepsia me sigue poniendo los pelos de punta y los vampiros ocupan desde entonces el primer puesto de las Cosas Que No Existen Pero A Mí Me Dan Miedo Igual.

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Por supuesto, a medida que me he ido haciendo mayor otros miedos más reales y, por ello más espeluznantes, han desplazado a los vampiros de mi ránking del terror. Pero eso no quita que sigan fascinándome. Haciendo un poco de psicología de baratillo, imagino que el éxito de los vampiros es que son algo así como un reflejo oscuro de la humanidad; lo que te gustaría ser o hacer pero jamás podrías admitir porque está mal. Inmortales, pueden transformarse en niebla o en bicho (¡murciélagos! la bomba), dominar a los animales e hipnotizar a las personas. Sin frenos morales. Egoismo puro y duro. Son como el reverso de los ángeles, sólo que los vampiros sí tienen sexo. Por eso dan miedo, por eso molan y por eso son tan fáciles de matar, a la hora de la verdad. Porque al Mal hay que cargárselo, sí o sí, que si no dan tentaciones. Pero, las cosas como son, Drácula mola mucho, pero mucho más, que Van Helsing.

vampiros-de-antano Con estos, tenía pesadillas…

Por todo eso, me gustan los vampiros. Los de antes, que me proporcionaban una saludable ración de miedito y atracción a partes iguales. Porque esta nueva horda de vampiros del buen rollito- Crepúsculo y todos sus primos hermanos, las editoriales han encontrado un nuevo filón-… estos no molan ni un pelo. ¿Cómo van a molar si tienen ética? ¿Cómo van a dar escalofríos si pasan de tu yugular? Los de Anne Rice tenían su gracia: presentar a los vampiros del ataúd adentro los humaniza, pero al menos seguían siendo, básicamente, unos joputas de mucho cuidado. Pero cuando los conviertes en chicos buenos y guaperas, que no sólo se resisten al cuello de las vírgenes sino que, para colmo, se preocupan de que sigan siendo vírgenes, la cosa pierde toda su gracia. Incluso como héroes románticos, se esfuma todo el morbo, porque dejan de encarnar lo prohibido. Lo políticamente correcto, con su obsesión no ya de que todo sea blanco o negro sino pura y exclusivamente blanco, nos está fastidiando hasta los monstruos y convirtiéndolos en forro para las carpetas del insti. Entre esto y Dexter, al final sólo nos quedarán los zombies, que más que miedo o repulsión (moral) dan asquito y punto.

vampiros-de-ahora Con estos, ni sueños húmedos… (bueno, con el de Ford Coppola un poco)

Cualquier día monto un grupo en Facebook llamado “Salvemos a los vampiros malos!”. Que tal y cómo está el patio hace falta tenerle miedo a algo chulo para consolarse de todos los terrores cotidianos.vampiro1

Un buen libro

24 de April, 2009

Bueno, otro Día del Libro y de nuevo he sobrevivido. Si es que soy la leche. Claro que no sé si es que cada vez se vende menos o yo tengo la piel más dura, pero en todo caso, el resultado es el mismo: aquí estoy, porque he venido y el año que viene más, si la crisis lo permite.

anatomia-de-un-instante-tapa-dura1_libro_image_big1-175x3001Leo en el Periódico que los grandes triunfadores del Día han sido Javier Cercas, Stieg Larsson y Stephanie Meyer. Eso lo sabía yo el día 22 y si me apuran, dos semanas antes. No porque sea así de chula, es que soy el último peldaño en el escalafón del negocio editorial y sé exactamente qué se vende porque soy quien lo cobra. Nada que objetar al podio de los Más Vendidos.No he leido aún Anatomía de un instante, así que no puedo opinar. Iba a añadir que sí que me lo leeré pero ¿ a quién pretendo engañar? Soldados de Salamina lleva años criando polvo en la estantería. Con Cercas me pasa como con las patatas: entiendo que a otros les guste, podría comérmelas sin demasiados problemas, pero si puedo elegir, comeré otra cosa. No hay ninguna razón en especial para esa indiferencia:  es lo que hay y punto. Podría ser peor, podría pasarme como con Zafón y las acelgas. Es acercarme La sombra del viento o un plato de acelgas y salir yo corriendo tan lejos como la geografía me permita.

larsson1Sobre los otros dos medallistas… Tengo gran cariño a Larsson y sus Millenium, lo admito. Me encantaron los libros, que me devoré en tiempo récord. Estaba tan enganchada que los leía mientras iba caminando por la calle, lo cual me llevó al borde de la muerte en más de una ocasión. Pero lo mejor de todo ha sido que esos títulos tan enrevesados nos han brindado grandes momentos de guasa en el curro. Llegamos a plantearnos hacer un listado de todas las versiones de los títulos de Los hombres que no amaban a las mujeres y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina que nos habían proporcionado los clientes, pero se ve que era poco profesional. Es una pena, dejar perder cosas cómo:

- Los hombres que amaban/pegaban/odiaban/buscaban/mataban/perseguían a las mujeres (¡la de cosas que te puede hacer un hombre!)

- Los hombres y las mujeres que se amaban/se odiaban. Gran tentación de enviar al cliente a la sección de libros de autoayuda, estante de “vida en pareja”, justo al lado de Por qué los hombres nunca preguntan y las mujeres no saben leer los mapas.

- Las mujeres que mataban/huían de/odiaban/buscaban/se escondían de los hombres (la de cosas que hacemos las mujeres, ojú).

- Un libro de un sueco que va de hombres que matan mujeres (menudo spoiler, ¿no?)

Y

- La chica que quería/buscaba/tenía una cerilla. A mí me pasa a todas horas: siempre estoy perdiendo mecheros

- La chica que encendió la gasolina con una cerilla. Con un zippo también se puede, pero es menos artesanal.

- La chica a la que le gustaban las cerillas y la gasolina. Para gustos…

- La chica que quemó la gasolina. ¿La gasolina de quién?

- No sé que de incendiar cosas con una cerilla y una lata de gasolina. Lo bueno de estos es que mientras en la frase haya cerillas o gasolina, ya sabías por dónde iban los tiros.

Estoy deseando que publiquen el último de la saga. En parte porque me muero de ganas de saber qué va a suceder con Lisbeth Salander. Pero sobre todo porque con un título como La reina en el palacio de las corrientes de aire, las risas laborales están garantizadas.

crepusculo001Dejando a Larsson, la medalla de bronce se la lleva la Meyer y sus libros de vampiros adolescentes y con conciencia. Que sí,  me los he leido todos, porque me dio la gana. Y sí, tengo que darle la razón a la crítica: la trama tiene tantos y tan grandes agujeros  que en ellos  podrían vivir topos gigantes y los personajes son tan planos que parecen recién salidos de la plancha. Pero me niego a crucificar a la Meyer por eso. La pobre tampoco pretendía escribir La Gran Novela Americana ni ser El guardián entre el centeno del año (lo de los libros que se publicitan como El guardián entre el centeno de su generación daría el-guardian1para hacer otro post. Los hay a carretillas. Así a bote pronto, me vienen a la cabeza Menos que cero, de Brett Easton Ellis y Las vírgenes suicidas, de Jeffrey Eugenides). Sólo escribió una novela rosa con vampiros a los que les limó los dientes, y la ha vendido como churros. ¿Que no es buena escritora? Pues vale, no lo es. Pero a la gente le mola. Qué mania con querer que la gente sólo lea libros “buenos” y torcer el gesto porque en el metro todo el mundo va leyendo Eclipse (menos yo, que me estoy leyendo Las venas abiertas de America Latina… Es decir, estoy igual de mediatizada, pero soy más tolerable). Reinvidico un Premio Corín Tellado para los autores que venden mucho y a los que la crítica machaca. No para satisfacer el ego del autor, sino para que sus lectores no se sientan de menos por leer lo que les da la gana.

da-vinciEn una ocasión, una de las chicas me libros me contó que un señor le pidió, muy serio, “un buen libro”. No le dio títulos ni autores ni géneros ni nada que se le parezca. El tipo quería “un buen libro”. Y de ahí no le sacaba nadie. Al final ella - que es un crack en lo suyo y hace mucho tiempo que renunció a creer en lo de que hay libros buenos y malos-  pilló con una mano El ReyLear y con otra El código da Vinci y le preguntó: “¿un buen libro como esto o como esto?”. El señor muy avergonzado (tal vez por descubir que Un buen libro no es el título de un libro, o por averiguar que hay más de un libro bueno en el mundo) señaló El código da Vinci. La chica asintió y dijo: “vale, ahora nos entendemos”. Mal que nos/les pese, al final lo que hace “bueno” o “malo” a un libro no es el autor sino el lector, que está dispuesto a pagar por leerlo. Qui paga, mana. Tal vez Corin Tellado no sea nunca lectura obligatoria en el insti. Pero vendió más que Pio Baroja.

En fin, que leáis lo que os dé la gana y porque os da la gana. Por que se lee por placer , no por complacer. Y si compráis libros el resto de los 364 días del año, en lugar de concentar el consumo lector en un sólo día, una servidora os lo agradecerá grademente.