Sólo existen dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy completamente seguro.
A Einstein

Hay algo en el aire y no es el amor, sino la gripe. Puedes encontrarla allá dónde vayas: en el cole, con todos esos niños rebosando todo tipo de virus (ahora mismo, en el cole, el menú ofrece gripe o varicela). En el trabajo, con todos esos curris empeñados en resistir hasta que la fiebre los derribe, contagiando con cada estornudo. En el metro, dónde puedes pillar de todo y de paso, hasta te pueden robar la cartera… Dicen que lo más democrático que existe es la muerte, porque al final nos pilla a todos. Puede ser. Pero, en ese caso, la segunda campeona de la igualdad sería la gripe.

Pues sí, me he pasado una semanita encerrada en casa, con mi dolor muscular y articular, mis ratitos de fiebre y la cabeza como si Manolo el del Bombo se hubiese instalado en ella. Un coñazo, aunque reconozco que me hacía falta pasarme una semana en pijama, yendo del sofá a la cama y de la cama al sofá. Me he dedicado a aprovechar a fondo la coyuntura - a ver cuándo vuelvo a tener la oportunidad de estar tanto tiempo en casa y con tantas personitas haciéndome mimos e inflándome a chocolate- y a matar el rato haciendo todas esas cosas que siempre dejo para otro día. Las actividades gripales han sido:

1 . Leerme el último libro de Harry Potter. Olé la Rowling, que tiene una jeta que es para quitarse el sombrero. Toda la saga es un poco tramposilla y hay más de una cosa cogida por los pelos, pero aquí se ha lucido que da gusto. Ahora, que me da lo mismo: yo soy pro-Harry Potter a muerte. De todos modos, antes de destriparlo, tendré que releérmelo otra vez cuando no vaya colocada de Gelocatil 1 gramo.

2. Culturizarme con la Wikipedia. He aprendido cosas sobre: el síndrome de Estocolmo, el de Helsinki (que es el de Estocolmo, pero cuando te equivocas), el de Stendhal, el de Tourette y el de alienación parental. También sobre la gripe española, la peste negra, la gangrena, Leonor de Aquitania y los espejismos. La buena noticia es que he dejado de buscar entradas sobre asesinos en serie.

3. Chuparme toda la primera temporada de Perdidos. Bajo la presión del Gestor del Blog, que me está esperando para ver la cuarta. Lástima que hace tiempo vi unos cuántos capítulos de la segunda y el factor sorpresa ha sido bastante escaso. Lo peor ha sido que desde el primer capítulo, ya sabía quienes la iban a cascar en breve, porque no salían en la segunda.

4. Casi echar la pota con un anuncio contra la crueldad contra los animales. No sé ni de quién es, porque me tuve que pirar pero me pareció una crueldad contra los comeflores como yo.

5. (Da vergüenza admitirlo) Ver la gala “Salvemos Eurovisión”. No pude evitarlo. En mi favor he de decir que yo al menos no envié sms para votar a favor del Chiki Chiki. Por cierto, a Rosa a ver si le cambian el dietista por un logopeda porque yo a esa señora no le entiendo ni jota cuando habla. ¿Seguro que habla castellano?

6. Escribir un artículo para gran sorpresa de todo el mundo. Lo iba a traducir y colgar pero es que ya estoy frita hasta yo de Roma. Pensé en escribir el último post pero… mira, dejémoslo así: aparte de mucho arte y mucha historia, lo mejor de aquel día fue que toda la ciudad estaba tomada por periodistas y policias porque fue el día en que el gobierno de Prodi se fue a la porra.

7. Ir a votar. Iba a ir de todos modos pero pasando la convalecencia en casa de mi santa madre, tenía que hacerlo aunque no me apeteciera. Que si te abstienes, no te da de comer ese día.

8. Morirme de ganas de volver al curro. Lo cual demuestra que la gripe es una cosa muy pero que muy mala.

En fin, prueba superada. Ahora sólo tengo que esperar a que termine de llegar la primavera y me dé mi Ataque Anual de Alergia.

“Nosotras no visitamos monumentos. Nosotras los rodeamos, los acorralamos y finalmente caemos sobre ellos”

 

Prima Espe en referencia a nuestra complicada manera de hacer turismo.

Día 3

Del Colisseo al Circo Mássimo

Parada de metro: Colisseo

Tiempo necesario: Bastante. Todas las cosas están muy cerca unas de otras pero hay que ponerse las patitas de caminar.

Premisa básica para esta ruta: no tener grandes expectativas. Este fue el día del “está todo roto”. Porque lo está, claro que lo está, pero es que lo sorprendente es que quede algo. Que más de dos mil años de historia son muchos y hasta las piedras pueden llegar a aburrirse de perdudar.

Colisseo

Ni siquiera nosotras nos podíamos perder: es salir del metro y darte de bruces con él. Por fuera es como en las pelis y las postales: roto e impresionante. Y, aunque en las postales no salga, por supuesto está tomado por los turistas, los carteristas, los vendedores de souvenirs y peña vestida de legionarios romanos con la que puedes hacerte fotos si te da por ahí.

Cuando se entra, lo mejor es dejar las expectativas que puedan haber creado “Gladiator”, “Quo Vadis” y similares nada más atravesar el inevitable detector de metales. Del anfiteatro que fue queda poco más que el armazón: las gradas han desaparecido y en la arena puede verse la estructura de las salas dónde se guardaban los equipos de los gladiadores y las jaulas de las fieras. Hace falta, además de dejarse las ilusiones fuera, echarle imaginación y pillar una audio-guía para no llevarse un chasco. Teniendo en cuenta que el Colisseo ha soportado siglos de abandono (cuando la gente perdió el gusto por ver cómo se mataban los gladiadores), algún que otro terremoto y el expolio durante el Renacimiento, cuando se usó como cantera de mármol para revestir palacios e iglesias, Vaticano incluido, lo cierto es que no está nada mal. Aún así habrá quién se sienta decepcionado al descubrir que Nerón no tiró cristianos a los leones allí: para empezar porque el Colisseo lo construyeron después de Nerón y, para terminar, porque no hay noticias de que se hiciera nunca nada así. Al parecer, es algo así como una leyenda urbana para que la gente viera lo malos-malísimos coliseo-san.jpgque eran los paganos. A todo esto, por si alguien aún no lo sabe, lo único que tienen que ver Nerón y el Colisseo es el nombre: el anfiteatro Flavio fue construido cuando Nerón ya había muerto, justo al lado de una estatua suya tan enorme como su ego a la que llamaban Il Colisseo. De la estatua no queda nada más que una placa que recuerda dónde estaba ubicada pero el anfiteatro se quedó con el apodo.

Arco de Constantino

Justo enfrente del Colisseo. Está bastante entero, pero sin nadie que te explique a qué hacen referencia los relieves es un poco difícil entusiasmarse con él. Como dato curioso: está hecho de remiendos de arcos de Trajano y Adriano, cuyos propios arcos se expoliaron para construir éste. Así que el tal Constantino o no tenía gran cosa de qué presumir o no tenía escrúpulos o no tenía mármol… o todas son correctas. Otro de los misterios de la Historia.

El Foro

Bueno, más bien, los Foros, porque hay varios. Están justo delante del Colisseo (toda esta parte corresponde a lo que fue el “centro” de la antigua Roma), con la colina Palatina - dónde vivían los emperadores- dominando el panorama. Aquí no pillamos “chivato”, lo cual fue un error porque, sin un poco de orientación lo que ves es una especie de parque muy majo todo sembrado de ruinas, algunas mejor conservadas que otras. La guía ayuda un poco pero es que hay mucha, mucha cosa rota. Nos encontramos un templo bastante completito que no nos quedó claro si estaba dedicado a Julio César o construido por él: eso nos pasa por haber copiado siempre en los exámenes de latín, que no aprendimos un pijo y luego no entendemos las inscripciones de los templos que hay sueltos por el mundo.

copia-de-el-foro.jpg

La Columna Trajana

Cuando nos aburrimos del Foro, nos fuimos a ver la Columna, que está prácticamente al lado de éstos y junto al Mercado de Trajano, que es algo así como un Corte Inglés de la Antigüedad. Yo estuve cuando visité Roma la vez anterior y mola bastante, siempre y cuando te lo explique alguien, por que si no, te deja fría.

En cuanto a la columna: es preciosa y súper interesante. Lástima que lo único que vimos fue a los tíos que trabajan en su restauración comiéndose el bocata del mediodía. Esto es algo que siempre pasa en Roma. Con tanto patrimonio, para cuándo acaban de restaurar una cosa, ya tienen que mandar a chapa y pintura la anterior, así que es fácil que buena parte de lo que está en la lista de Cosas Para Ver no se pueda ver porque está rodeada por un andamio y/o cubierta por una lona.

El Altar de la Patria

Esto es una cosa grandota y pretenciosa que construyó Mussolini porque él lo valía. Los italianos lo llaman “Il Pasticio” porque parece una tarta nupcial. El que lo quiera mirar, que lo mire. Nosotras seguimos camino porque esto se conserva todo entero, así que no nos llamaba la atención, y además no somos muy fans de Mussolini que digamos.

img_3845-2.jpgLa Plaza del Capitolio.Se accede por una escalinata y resulta muy agradable. Claro que la diseñó Miguel Angel, así que es natural que sea chulísima. Aquí están los Museos Capitolinos que valen mucho la pena si uno tiene tiempo de visitarlos, lo cuál no era el caso. Nos conformamos con echarnos unas risas a costa de las estatuas. Custodiando la entrada a la plaza están las de Cástor y Polux y sus pequeños ponies: la desproporción entre caballo y hombre es tan grande que sería más creíble que los primeros montaran a los segundos y no a la inversa. El que sí está montando a caballo es Marco Aurelio, en medio de la plaza, sólo que parece que en vez de estar cabalgando haya caído espatarrado sobre la montura. Por cierto, la estatua que hay en la plaza es una copia: al igual que al David de Miguel Angel o las Puertas del Paraiso del Duomo de Florencia, tuvieron que guardar el original en un museo porque la contaminación y la mierda de paloma la estaban destrozando.

El Treatro Marcelo

Pues eso, un teatro. Parece chiquito pero se conserva bien para los años que tiene - como Jane Fonda- y además inspiró el Colisseo. Igual que a mí me puede salir un grano en la barbilla, a este teatro le salió un edificio de viviendas en el costado, respondiendo así a la pregunta de cómo convive el pasado con el presente: pura simbiosis.

Templos de Portunus y Hércules

Dos templos (uno de ellos redondo, especialmente bonito), otra cosa de la que Roma anda bastante sobrada, aunque en este caso se conservan sorprendemente bien, gracias a que los reciclaron en iglesias. De hecho, cuando fuimos también estaban en restauración así que lo único que puedo decir es que están haciendo un buen trabajo con ellos.

Santa Maria in Cosmedin/Boca de la Veritá.

san-valentin-2.jpgEsto es un poco como la Fontana di Trevi: la clásica chorrada que se hace famosilla y se convierte en una de las Fotos Imprescindibles. Es una estela etrusca (o sea, la leche de antigua) que parece una torta gigante con una cara bastante antipática tallada. La utilizaban para juzgar a la gente o algo así: te metían la mano en la hendidura que corresponde a la boca y, si estabas mintiendo, la boca te “mordía”. Evidentemente, no te mordía la cosa ésa, porque desde que el mundo es mundo, a las piedras les importa un pimiento la verdad o la mentira: es que colocaban a un tipo detrás para que te diera con un mazo si tenían ganas de condenarte. La estela está en la entrada de una iglesia mediaval, que se deja ver con gusto y que tiene como uno de sus reclamos una reliquía de San Valentín (concretamente, la calavera… da para muchos chistes, pero ahora no me apetece). De todos modos, con lo que se hace caja aquí no es con los donativos al Patrón de los Enamorados sino con los souvenirs de la Boca de la Verita. Menos mal que no cobran por hacerte la foto con la Boca, aunque desde luego ganarían pasta. Nosotras no tuvimos que hacer cola ni nada para hacernos la fotico de marras, pero sí nos la ingeniamos para montarla: en el tiempo que se tarda en echar tres flashes, ya había detrás nuestro una horda de japoneses esperando su turno.

Por cierto, la boca no nos mordió.

mari-boca-de-la-verita2.jpg

Circo Massimo

Relativamente cerca de la Boca de la Veritá, te encuentras una gran extensión de césped, a espaldas del Foro, dónde la gente se tumba a tomar el sol, se dedica a jugar al fútbol y demás actividades típicas del ser humano en cualquier lugar con hierba. Nos metimos por ahí, en busca del Circo Massimo y sólo al llegar al final de lo que pensábamos que era un parque nos dimos cuenta de que estábamos dentro del circo Massimo: lo único que queda de él, - aparte de, literalmente, cuatro piedras,- es el espacio desnudo que ocupó en su día.

Después de quedarnos de pasta de boniato con lo del circo (¡si no queda ná de ná de dónde corría Ben-Hur!), pillamos el metro en la parada de Circo Massimo… Y nos fuimos hasta Barberini para visitar la Fontana de Trevi, pero como esto entra dentro de el último itinerario, lo explico otro día.

 

Vacaciones en Roma (2 parte:2×1)

6 de February, 2008
Es que entrar en el Vaticano con chancletas es como presentarte en casa de alguien borracho.

Sister San y sus extrañas comparaciones.

 

Una de las cosas chulas de Roma es que ofrece un 2 paises x 1. Bueno, igual no es algo “chulo” pero tiene su qué. El Vaticano es pequeño, tiene tasa de natalidad 0 y todos los buzones son para correo “internacional” porque el nacional seguramente funciona por valija interna. Pero aún así, es un país. Uno de curas, pero país al fin y al cabo. Puede que no tengan extensión, pero en su mini-estado han conseguido reunir un patrimonio suficiente como para que a) sea imprescindible visitarlos por mucha rabia que te dé el Papa de turno y b) sea agotador hacerlo. Existe un umbral de tolerancia al arte. Y allí, lo sobrepasas.

Día 2

Museos Vaticanos- Plaza y Basílica de San Pedro - Castel de Sant Angelo.

Tiempo necesario: todo el santo día.

Metro: Parada de Ottaviano.

Museos Vaticanos.

Primera recomendación: madrugar. Al que madruga, Dios le ayuda y más si vas a visitar Su cuartel general. El problema, en nuestro caso es que, si bien es cierto que los caminos del Señor son misteriosos, el itinerario de los buses romanos lo es todavía más, y tuvimos que perdernos un buen rato hasta conseguir llegar a la puerta de los Museos, después de reseguir las murallas del Vaticano. Nuestro premio: fuimos las primeras de la cola. Claro que llegando una hora antes de la apertura, sólo hubiera faltado no serlo. Habrá a quien esto le parezca una locura, pero después de ver a gente durmiendo al raso en pleno invierno para hacerse con las entradas de un concierto, no tolero críticas en este sentido. Cada cual hace colas absurdas por lo que le apetece: hay quien lo hace por Bruce Springsteen, nosotras lo hacemos por Miguel Angel.

En fin, una vez dentro alquilamos un “chivato” que te va explicando las obras más importantes, porque si no, no hay modo de enterarse de nada y se corre el riesgo de pillar el Síndrome del Turista Agobiaó, que es como el de Stendhal pero a lo bruto. Hay una jartá de cosas que ver. A mí lo que me dejó fascinada fueron las bañeras (¿serían realmente bañeras?) repartidas por aquí y por allí sin motivo aparente ni explicación alguna. Me encantaría saber a qué venía tanta bañera así que si alguien tiene una explicación, ruego me la haga saber. El Misterio de las Bañeras Vaticanas me tiene muerta de curiosidad.

la-piramide-alimenticia.jpgBañeras - y momias y animales en mármol y bustos de emperadores y tapices y mapas- aparte, la Super Estrella de los museos Vaticanos es la Capilla Sixtina, con permiso de las estancias de Rafael, que también molan pero no tanto. Gran escándalo por parte de mi hermana cuando se enteró de que los Cónclaves se celebran allí y que, cuando hay uno, la Capilla (y los museos) se cierran al público. Vale, no son tontos los cardenales, pero tampoco creo que se pueda decir que eso es tener mucho morro: al fin y al cabo, la casa es suya y pueden hacer en ella lo que le salga de la sotana. Morro no es apropiarse de la capilla más chula, sino hacer cosas como decirle a la gente lo que tienen que votar en unas elecciones generales cuando ellos no tolerarían que nadie les dijera lo que tienen que votar al elegir Papa, pero eso ahora no viene al caso. Volviendo a la Capilla, recomiendo encarecidamente dejar de mirar al techo de tanto en tanto y mirar al frente, para evitar choques inesperados con otras personas y, de paso, prevenir la tortícolis.

Plaza y Basílica de San Pedro.

Después de los Museos, fuimos a visitar el resto del país que, viene siendo esto: la peazo de Plaza, con el inevitable obelisco (pelín pagano para estar ahí plantado, ¿no?) y rodeada por la columnata de Bernini, que se supone que representa los brazos de la Iglesia y que a mí me recuerdan bastante a unas tenazas. Curiosidad: a 22 de Enero aún tenían puesto el Belén y el Árbol de Navidad (otra cosa un poco pagana, digo yo). A esas alturas ya estaban un poco deslucidos pero es que resulta que la tradición dice que el Belén no se quita hasta el 2 de febrero. Una se sentiría tentada a pensar que intentan alargar el tema Navidad lo más posible para enlazar con el tema Semana Santa pero se ve que tiene una razón concreta que ahora mismo no recuerdo.

asi-no-asi-si.jpgUna vez terminamos con la Plaza, pasamos detectores de metales para entrar a la Basílica (emmm, sí detectores de metales) . También hay que pasar el control de indumentaria, lo cual ya me sorprende menos en una iglesia. En invierno, no tiene mayor dificultad pero en verano las exigencias eclesiásticas respecto al vestuario pueden ser más complicadas de cumplir.

Lo primero que hicimos, fue subir a la Cúpula. Se puede subir un buen trozo en ascensor pero el resto se hace con el pie derecho y el pie izquierdo y siguiendo las instrucciones de Cortázar para subir una escalera. ¿Vale la pena? Pues sí. Igual te da un infarto por el camino o te da vértigo al bajar, pero vale la pena. El momento estelar: hay una tienda de regalos en la primera terraza que huele a sacristía en la que las dependientas son monjas de lo más risueñas. Atienden con una parsimonia que desquicia un poco, pero como llevan ese rollo de estoy-más-allá-de-las-neuras-terrenales cuesta enfadarse con ellas. Impresionante el merchandising con la imagen de Ratzinger. Un llavero con la foto del Papa podría ser considerado de mal gusto, pero con la mala espina que da este hombre, lo que da es un mal rollo que te mueres.

escudo-papal.jpgComo aún nos quedaban piernas y, además, había que hacerlo, entramos en la Basílica. Yo ya habia estado antes, así que no me disgustó tanto como la primera vez, pero a Sister San y a Prima Espe se les iba torciendo el gesto a cada paso. Es un sitio muy poco agradable. Lo único que se puede decir es que es Grande. Exageradamente grande. Lo cual era la idea: lo levantaron en plena Contrarreforma, cuando había que luchar como fuera contra la expansión del protestantismo. El Vaticano viene a ser la materialización de la frase “yo la tengo más grande”. Y por si alguien lo duda, le informaré que, en el suelo, tienen marcas indicando la longitud de iglesias y catedrales de todo el mundo, para demostrar que, efectivamente, ellos la tienen más grande. Aparte de tamaño, el Vaticano tiene más cosas, aunque es dificil prestarles atención: la Piedad de Miguel Angel, las reliquias de San Pedro, el Baldaquino de Bernini (que como se hizo con bronce robado del Panteon da rabia), turistas a manta, que se cuelan en las misas que se celebran en las capillas laterales (a mi la Iglesia como institución me da grima, pero no veo por qué hay que faltarle al respeto ni a sus ritos ni a sus fieles para echar una foto), guardias de seguridad y las tumbas de los Papas, que no conseguimos ver porque nos echaron el cierre. Tampoco nos importó mucho: a estas alturas estábamos tan reventadas que pasamos del Castel de Sant Angelo y nos piramos al hotel. Así que del Sant Angelo solo puedo decir que, desde lejos, parece muy grande. Por si a alguien le interesa, según la guía, el Castel era en origen el Mausoleo del emperador Adriano, hasta que no sé qué los Papas lo convirtieron en una fortaleza para protegerse de gente como Carlos V. Así en frío, me parece un poco heavy eso de meterse en tumbas ajenas pero como al final no fui, pues me callo.

PS: Mis felicitaciones si has llegado hasta el final de este post. Me quito el sombrero ante tu resistencia. De premio te pongo una foto de “Detalle de Sarcófago Romano, temática: juegos infatiles” que también podría titularse “la vida sigue igual”: queda probado que los niños antiguos eran tan puñeteros como los actuales.

 

infancia-2.jpg

 

 

Puesto que el año anterior nos salió tan bien (y tan barata) la experiencia de irnos en plan familiar de viaje, este año, Sister San, Prima Espe y una misma decidimos espe-sopa-en-el-avion.jpgrepetir. Esta vez, a Roma, que es algo así como La Meca familiar. Se nos cayó Nane - que ya ha estado dos veces en la Ciudad Eterna y que, además, no pudo pillar vacaciones- que no es de la familia, pero como si lo fuera (siempre aceptamos nuevos miembros en la tribu, somos gente dada a la adopción) y la echamos de menos, sobre todo a la hora de orientarnos con el mapa. Como ella no comparte genes con nosotras, carece de nuestra tendencia natural a perdernos. Menos mal que nos conocemos y tuvimos la prudencia de pedir consejo a mi tío que, como también nos conoce y conoce Roma, nos montó cuatro itinerarios (uno por día) a prueba de gente inútil para orientarse. Lo mejor de su Manual Para Estar Cuatro Días En Roma Y Perder El Menor Tiempo Posible Buscando La Calle Correcta, fue la introducción-recomendación:

Se aconseja no llevar bolsos y, si se hace, que sea lo más pequeño y herméticamente cerrado posible. La documentación nunca en el bolso, sino en cualquier parte que sea súper-segura. Lo mismo el dinero. Allí no puedes fiarte ni de tu padre. La ciudad está bajo los cuidados de San Dimas, el patrono de los ladrones.

san-y-yo-avion.jpgNos encantó porque no tiene desperdicio, pero aquí mi tío patinó un poco: primera porque vivimos en Barcelona, que no estará bajo la protección de San Dimas, pero vaya si podría. Y la segunda porque robarnos a nosotras es a) una pérdida de tiempo (no tenemos un duro) y b) pelín peligroso, como podría confirmar la rumana que trató de meter mano en el bolso de mi prima y no sólo no se llevó ni un triste euro sino que encima recibió un sopapo. Mi prima mide metro y medio, pero es todo pura mala leche concentrada.

Día 1

Plaza del Popolo- Plaza Spagna.

Tiempo necesario: muy poco para personas normales. A nosotras nos llevó cuatro horas. No sólo nos perdimos, es que hicimos unas pocas paradas para capuccino.

Metro: parada de Flaminio (está al lado de la Villa Borghese, que vale mucho la pena… pero como había poco tiempo, lo dejaremos para la próxima vez).

plaza-del-popolo-blog.jpgPlaza del Popolo: Pues eso, una plaza. Tiene uno de los muchos obeliscos que los romanos - los de las sandalias y las falditas, se entiende, que eran gente antigua pero ya practicaban el expolio- se trajeron de Egipto y que luego, a lo largo de los siglos, el gobernante de turno ha ido cambiando de ubicación para dejar más monas sus obras públicas. Tiene dos iglesias iguales, una junto a la otra, que se ve que es algo que tenía que hacernos gracia. Pero como somos personas prácticas, a nosotras nos pareció bastante tonto. ¿Por qué necesitas dos, para empezar? Si era por falta de aforo, ¿no habría sido más práctico hacer una bien grande? Y es que, para rematar el asunto, las construyeron a la vez. Que si hubiese sido porque una se les quedó pequeña, pase. En todo caso, ya que quieres hacer dos ¿para qué iguales si en la variedad está el gusto? ¿para evitar competencia desleal? La religión ya es algo bastante confuso a veces (con vírgenes que se quedan embarazadas de palomas y cosas de esas) para encima añadirle estas cosas.

(En la foto se puede apreciar que hacia un asco de día).

Jardines del Pincio: Se llega desde la plaza, por unas escaleras que suben hasta arriba. Son muy bonitos y todo eso, pero salir de allí fue absurdamente complicado y terminamos recorriendo el parque de norte a sur y de este a oeste sin más objetivo que salir de allí, a poder ser antes de que anocheciera y salieran los hombres lobo o el fantasma furioso de Lucrecia Borgia o lo que tengan por ahí. De acuerdo que nosotras somos fatales leyendo mapas, pero es que aquel mapa estaba hecho con una mala follá que no es normal.

(Las fotos que hicimos aquí no valen la pena porque estábamos hartas del parque ése y sólo queríamos largarnos).

Trinitá dei Monti: Cuando uno consigue encontrar el camino que lleva desde el Pincio hasta aquí, pues es muy fácil de llegar. Por fuera, la iglesia es muy bonita. Por dentro no la vimos porque a esas horas ya estaba cerrada: fue el precio a pagar por perdernos en el Pincio. De todas formas, será por iglesias en Roma… La gracia de ésta es que, en sus tiempos, estaba ahí arriba, un poco incomunicada (a mí me lo vas a contar) y para remediar el asunto, hicieron las famosas escalinatas de la plaza Spagna. Mi tío, en un arranque de amor paternal y tial (bueno, amor de tío) nos organizó el mapa para que no tuviéramos que subir la escalinata, sólo bajarla que cansa menos. El resultado fue a) que nos perdimos llegando hasta allí y nos pegamos una paliza a caminar, como ya he señalado y b) que todas nuestras fotos de la plaza Spagna están al revés: todo el mundo fotografía la plaza desde abajo, con la fuente en primer plano… Y nosotras le hicimos la foto desde arriba, con la fuente al fondo así que tenemos que dar un montón de explicaciones. Es por estas cosas que yo soy partidaria de comprar postales: la foto siempre está bien hecha y, por si alguien no reconoce el monumento, en el dorso está anotado de qué se trata.

plaza-espana-blog-1.jpg

Plaza Spagna: echándole un vistazo a nuestras respectivas guías turísticas, nos dimos cuenta de que existen dos escuelas de pensamiento respecto a las plazas romanas. Una defiende que la de Spagna es la más bonita y la otra, que lo es la Plaza Navona. No es por cuestiones nacionalistas ni nada de eso, pero a mí ésta me gusta muchísimo más. Es más enana, cierto, y es más fácil morir atropellada (claro que eso es relativamente fácil en cualquier parte de Roma) y con la fuente de la Barca Bernini no es que se diera mucho curro. Pero es que me gusta justo por eso. Por eso y porque puedes entrar dentro de la fuente, que es algo que me hace mucha gracia. También puedes beber agua, pero eso ya lo dejo para los aventureros, que yo soy una turista aprensiva. Si alguien tiene pasta (mucha pasta), puede tirar todo recto, por Vía Condotti y gastarse en un par de zapatos lo que yo pago de alquiler en dos meses.

Embajada de España ante la Santa Sede: está al lado de la plaza y como nos la puso mi tío en el itinerario, pues fuimos y la miramos. Tampoco es que nos emocionara mucho (a él sí, porque se ve que es la sede diplomática más antigua de Roma, lo cual dice mucho de España) pero convinimos en que estaba bien saber dónde refugiarnos si nos metíamos en algún lío cuando fuéramos al Vaticano.

Después, se desanda el camino, de vuelta a la plaza y se pilla el metro en Spagna. Todos los itinerarios empezaban y acababan en estaciones de metro porque mi tío, que es sangre de nuestra sangre, no se fía de que sepamos leer mapas pero sí de que sepamos pillar metros.

metro-espana-blog.jpg

Y hasta aquí por hoy. Por hoy, sí porque pienso seguir dando el coñazo un ratito con el tema. De hecho, mañana será peor: hoy es mi último día de vacaciones invernales y estoy en pleno síndrome pre-post-vacacional, que es como el post vacacional pero mejor porque, aunque estés sufriendo te quedan apenas unas horas de vacaciones al menos sigues de vacaciones.

Nunca en domingo

14 de January, 2008

Cosas que uno puede hacer en domingo:

- Dormir.

- Desayunar en plan “continental”: café con leche, tostadas con mantequilla y mermelada, zumo, cereales…

- Hacer una maratón de “El Señor de los Anillos” (o de Futurama).

- Pillar el Cocina para Torpes y hacer experimentos en los fogones.

- Tratar de superar la página 52 de Los pilares de la tierra (se ve que después de eso, el libro está genial).

- Quitar el árbol de Navidad de una vez.

- Depilarse las cejas, hacerse las uñas, ponerse la mascarilla de la cara, estrenar el antifaz relajante que tengo en la nevera .

- Pelearse con la pareja.

- Reconciliarse con la pareja.

- Ir a la Ciudadela a ver el Mamut.

- Hacer fotos de pintadas. O de lo que uno quiera, claro.

- Colgar de una vez ese cuadro.

- Limpiar la casa (coñazo, pero hay que hacerlo alguna vez).

- Poner al día el blog.

- Echarle un vistazo al LastMinute y organizarse vacaciones.

- Hacer la sobremesa y luego echarse una siesta.

- Buscar en internet biografías de psicópatas y luego pasar mucho miedo.

- Pegarse la tarde jugando al Catán.

- Darse una vuelta por el Barri Gótic.

- Rescatar la bici antes de que te roben el sillín y arreglar de una vez la rueda pinchada.

- Invitar a merendar a toda la gente que aún no ha visto el piso nuevo.

- Darse una vuelta por el barrio en busca de supermercados, bares pagables y una peluquería con precios razonables.

Hay gente que puede repartir estas cosas entre el sábado y el domingo porque dispone de ambos. Yo sólo puedo hacerlas en domingo porque es el único día que no curro… En teoría.

¿De verdad hacía falta abrir ayer? ¿No va contra la Declaración de los Derechos Humanos machacar a la gente durante todo el mes que duran las Navidades y, luego, cuando están exhaustos, obligarles a currar el Primer Domingo de Rebajas? ¿Es necesario? ¿De verdad la gente no puede comprar los otros seis días de la semana, con un horario comercial de 12 horas diarias sin interrupción?

Y lo peor es que se vende en domingo. Poco pero lo bastante como para que, el año que viene, tengamos que volver a abrir.

Cosas a NO hacer en domingo:

- Comprar.

Y es que los que negocian estos horarios, no curran nunca en domingo.

Mañana hoy será ayer

22 de December, 2007

Siempre me han parecido muy instructivas las casas-museo o, en su defecto, las salas de los grandes museos dedicadas al mobiliario de siglos pasados. Aunque digan que todo tiempo pasado fue mejor, lo cierto es que a menudo pecamos de “cronocentrismo” y nos cuesta creer que había vida - y que tampoco se estaba mal - antes de que existieran la lavadora, el móvil y el champú anti-caspa. En una casa museo, además de intentar imaginar cómo sería guardar la ropa blanca en aquellos armarios tan enormes, se puede hacer un ejercicio de humildad muy útil: probablemente, nuestros ancestros vivían más incómodos pero se las debían arreglar bastante bien para empezar porque, si no, la humanidad se hubiera dado por vencida y nosotros no estaríamos aquí.

¿Cómo serán las casas-museo que evoquen nuestro cambio de siglo? Si por mí fuera, no habría duda: serían las tiendas Ikea. Bastaría con convertir las cajas en taquillas, el almacén en la Tienda del Museo y mantener tal cual la exposición de muebles. Los nietos de nuestros nietos se podrían hacer así una idea perfecta de cómo vivían sus antepasados. De cómo vivían todos, de hecho: todo el que compra en Ikea puede estar seguro de que se encontrara muebles exactamente iguales a los suyos en los lugares más insospechados: desde la casa de un amigo a la consulta del dentista. Se podrían sorprender de nuestro ingenio y destreza, ya que los carteles explicativos especificarían que los seres humanos de principios del siglo XXI se montaban los muebles ellos mismos. Aquí deberían dedicar una vitrina a la Llave Allen y a los manuales de instrucciones, como homenaje a todos aquellos que, alguna vez en la vida, se han tenido que enfrentar al montaje del armario Rakke. Mientras que nosotros tenemos que conformarnos con saber cómo vivían aquellos que podían permitirse muebles de calidad suficientemente buena como para sobrevivir a los siglos, nuestros descendientes se podrán hacer una muy buena idea de cómo era nuestra existencia: encajonados en pisos minúsculos, sin un duro y poco originales… en parte porque no nos podemos permitir otra cosa y, en parte, porque somos hiper sensibles a la publicidad. Y aquello de la República Independiente de Mi Casa (la reformulación de “mi casa es mi castillo”) nos ha llegado al corazón a todos. Claro que todo esto será posible en el caso de que el planeta aguante hasta el siglo XXII y que el cartón - materia prima de la mayoría de los productos Ikea - sea más perdurable de lo que parece a primera vista

 

 

Publicado en el Diari Maresme el 21 de Diciembre 07

El fantasma de las Navidades Presentes
(Publicado el 03 diciembre 2005)

Pues nada, ya ha empezado la locura. Es salir el calvo de la Lotería de Navidad en la tele y todo el mundo a comprar como si mañana fueran a declarar ilegales las tiendas. Y sí, ya sé que empiezan a poner los anuncios del Gordo de Navidad en Agosto. No sabéis cuánto tiempo hace que me dicen eso de: “¿Qué plazo tengo para cambiarlo? Es que es para Navidad”.

No es que yo sea una Miss Scrooge de nacimiento. Para nada, antes a mí me encantaba la Navidad y los villancicos y las luces en las calles como si toda la ciudad fuese Studio 54 y todo el rollo. La conversión en el Grinch vino cuando empecé a currar en el comercio y descubrí el Lado Oscuro de la Navidad. Y es que cuando te pasas 20 días currando del tirón, a veces echando 9 ó 10 horas y escuchando una y otra vez todos los Christmas Greatest Hits, lo único que le pides a los Reyes Magos es que SE ACABEN DE UNA PUTA VEZ LAS FIESTAS. Francamente, estoy convencida de que, si existieran Papa Noel y Compañía serían peña muy, muy amargada y la proporción de regalos horrendos e inútiles se dispararía.

Si alguien cree que exagero puede pillarse un currito de Navidad en cualquier tienda el año que viene y luego que me lo cuente. Quien no lo haya hecho no tiene NI IDEA de lo plasta, mal educada, impaciente, insoportable y, en resumen, digna de reencarnarse en una cucaracha, escarabajo pelotero o militante del PP que puede llegar a ser la gente.

Con el espíritu cívico que caracteriza a este blog, voy a daros unas pequeñas pautas/consejos/directrices para que no os comportéis como auténticos capullos en las tiendas y no sufráis las múltiples y variadas Venganzas del Dependiente (que las hay, pero no os las pienso explicar porque son sólo para iniciados).

1. Si te molesta hacer cola, NO COMPRES EN SÁBADO/DOMINGO/FESTIVO. Para tu información, son los días en los que compra todo el mundo así que vas a tener que esperar para todo. Asúmelo y no te quejes ni lo pagues con quien te atienda. Al fin y al cabo, eres TÚ quien tiene ideas poco originales.
2. Si no te gusta cómo te han envuelto el regalo, pues compras papel y te lo envuelves tú, a ver qué tal se te da. La papiroflexia no forma parte de los cursos de formación de las tiendas.
3. Entrar en una tienda cinco minutos antes de que cierren es bastante feo. Columpiarse todo lo posible una vez han cerrado, es UNA PUTADA. La gente que trabaja ahí no brota del suelo. Tienen casa y quieren irse a ella. Y no jodas con que “es el único momento en que puedo ir”. Con un horario de apertura de 12 horas, 20 días sin interrupción SEGURO que encuentras otro momento.
4. (Esta sirve para todo el año) NO, NO TE REGALAMOS NADA POR GASTARTE TANTO DINERO EN NUESTRA TIENDA. Al fin y al cabo, nadie te ha obligado a hacerlo. Si eres un manirroto o tienes gustos caros, es cosa tuya, no nuestra.
5. No somos tu madre: si pierdes tu ticket, se te rompen las cosas nada más salir de la tienda, pierdes los vales de cambio o cosas similares, no es nuestro problema.
6. Si la persona que te atiende se equivoca, no bufes, te cabrees ni montes el pollo. ¿Tú no te equivocas nunca o qué? Si quieres cabrearte con gente que se equivoca ahí tienes a Bush, a los polis ingleses que se cargaron a aquel chico brasileño, a la Iglesia Católica, a la Bayer (que inventó la heorina), etc. Esto no es como si te tuvieran que amputar la pierna izquierda y te cortaran la derecha. Es una puta compra. Tiene solución. Relájate.
7. Si necesitas algo urgentemente para HOY, haberlo comprado antes de ayer. No somos responsables de tus irresponsabilidades.
8. Si te parece una putada que el día 24 cerremos a las 8 y que no abramos ni el 25 ni el 26 es que eres un mal bicho sin entrañas que merece atragantarse con los langostinos. Te recuerdo que nosotros no somos huérfanos adoptados y adiestrados por las empresas para atenderte.
9. (Ésta la pongo como dependienta y como educadora). Las tiendas no son buenos lugares para los críos. Si no te queda más remedio que traerlos, al menos controlalos. Igual a ti te parecen monísimos cuando ensucian, rompen y desordenan. A nosotros no. Ser un niño no le da licencia para hacer el simio y tener uno tampoco te la da a tí para ignorarlo. Educa a tus mini-yo… Y mejor que a una tienda, LLÉVALOS AL PARQUE
10. No vale quejarse de los dependientes a sus jefes si no viene tu madre para que nosotros podamos quejarnos de tí a ella.

Por ahora,- importante, POR AHORA,- esto es todo. Ser buenos con la gente. Si alguien no es amable con vosotros es, probablemente, porque no os lo habéis merecido. Así que chutáos un poquito de espíritu navideño y portaos bien u os traerán carbón.

Cinco pensamientos positivos para comportarse como una Persona en este tipo de situaciones.

1. No te estamos puteando a ti expresamente entre millones de personas. Si doscientas personas se pusieron en la cola antes que tú, no es culpa nuestra. Y ya puestos, tampoco lo es de esas doscientas personas. Ellas vinieron antes.

2. No te estamos puteando a ti expresamente entre millones de personas. Si sesenta personas están llamando al mismo tiempo a un mismo número de teléfono, nos va a llevar rato atenderte.

3. No te estamos puteando a ti expresamente entre millones de personas. El Camp Nou también tiene un aforo limitado. Hay un momento en que las entradas se acaban. No nos las hemos quedado ni las tenemos guardadas para nuestros “compromisos” (¿qué empresa tiene compromisos como para llenar el Camp Nou?). Simplemente, las mates funcionan. Si setenta mil personas compran entradas el mismo día, las entradas se acaban. Aritmética pura.

4. No te estamos puteando a ti expresamente entre millones de personas. Si has dejado colgado el curro para venir a comprar las entradas, si vienes desde la quinta forca, si tu matrimonio depende de conseguir las entradas… Lo siento, pero no puedo hacer absolutamente nada más de lo que hago, que es dártelas cuando te toque el turno y cobrarlas. Si nosotros te dijéramos: llevo aquí casi doce horas, me duelen hasta las pestañas, tengo a mi novio en casa convencido de que estoy cometiendo adulterio con el Boss, hace días que le grito a todo el mundo de los estresada que estoy y me ataca la úlcera pensando en mi bandeja de trabajo pendiente, aunque también puede que sea porque hace días que no como nada caliente… Contestarías “no me cuentes tu vida” ¿verdad? Cada uno elige en lo que se mete. Yo me metí a currar aquí y tú te metiste en la cola. A cada uno, lo suyo.

5. No te estamos puteando a ti expresamente entre millones de personas. Nos organizamos tan bien como podemos con los elementos a nuestro alcance. No hemos diseñado las cosas con la mala baba de que te quedes sin las entradas que querías o sin entradas simplemente. Sacar entradas de la nada está fuera de nuestras habilidades. El día que las venda Harry Potter, pides que haga más grande el Camp Nou a golpe de varita.

En resumen: si mil millones de chinos dan una patada al suelo a la vez, se lía ¿verdad? Pues siento comunicar que cada uno de nosotros no somos el único, el primero y el más importante de los seres humanos. Que lo que se te ha ocurrido a tí, se le ha ocurrido también a muchísima gente. Y que, la verdad, perder los papeles por estas cosas hace que una termine pensando que, en la próxima vida, sería mejor reencarnarse en pelusa de polvo, en plancton, en ácaro o en lombriz intestinal. Porque los seres humanos a veces hacen pasar mucha vergüenza ajena.

PS: que conste que la mayoría de la gente se comportó muy bien… pero ha habido suficientes casos de auténtica ida de olla, mala educación y ataque de hiper egoísmo (es que A MÍ me tienes que solucionar esto) que el tema se ha merecido este post.

Tengo, debo, quiero.

22 de November, 2007

Hace un par de días llegaron ya a la tienda las agendas para el 2008 y una, que tiene sus momentos de repija, eligió una tipo moleskine (estúpidamente caras, lo sé). Como me encanta estrenar cosas ya le he puesto nombre y he empezado a anotar teléfonos y fechas importantes, como mis próximas vacaciones de invierno… que por cierto penden de un hilo pero ésa es otra historia. Y ya que estaba preparando la nueva agenda, le he estado echando un vistazo a la vieja… Y me ha entrado la depresión. Hay pocos, poquísimos días en los que no haya nada anotado. Y el 95% de las notas eran de cosas que tenía que hacer. Vale, es lógico. Las cosas que me apetece hacer, las hago y punto, no suelo necesitar la agenda para recordarlas. Pero es que, al cabo del día, las cosas que tengo que hacer no sólo superan con creces las que quiero hacer sino que apenas me dejan tiempo para algo que no sean obligaciones. No importa que muchas de esas cosas sean auto impuestas o que me vayan a reportar algún beneficio. Parece que si no las planteo como un deber no voy a cumplirlas. Y lo que planteas como un deber, te angustia si no lo llevas a término. Una manera bien tonta de currarte una hermosa úlcera. A menudo, cuando me voy a la cama, hago repaso de la jornada y me encuentro con que la mayor parte del día ha sido una cadena de obligaciones y que he dejado de hacer cosas que me apetecían - quedar con alguien para tomar un café, escribir en el blog, terminar un libro…- que, al quedarse colgadas pasan a ser un nuevo “tengo qué…”. Igual es un error de planteamiento por mi parte pero, mirando a mi alrededor, me doy cuenta que no soy la única que lo comete.

Me plantearía desterrar el “tengo qué…” como propósito de Año Nuevo. Pero los propósitos de Año Nuevo no son más que “tengo qué” encubiertos. Y mal empezamos si me lo planteo así.

El miércoles fue mi Día De Mudanza. Lo pongo así, en mayúsculas, porque me dieron el día libre y todo para que me apañara la casa. Evidentemente, fue todo una pesadilla y, por supuesto, el 99% de mis efectos personales siguen en cajas en casa de mis padres. Eso sí, ya tengo cama y armario (enorme y vacío… no sé dónde está mi ropa), ahora sólo tengo que poner en práctica mis habilidades en el tetris para colocarlo todo en mi nueva habitación.

Pero a lo que iba… Por motivos que no vienen al caso (y que tienen que ver con el armario Rakke de Ikea, el hecho de que comprara herramientas y me las olvidara en el coche de mi tía y con la paciencia bajo mínimos del Gestor del Blog que empezaba a plantearse hacerme un piercing con la Llave Allen) terminé corriendo como un pollo sin cabeza por la calle Diputació en busca de un cajero y una ferretería. En un semáforo se me acercó - más bien invadió mi espacio personal como un elefante en una cacharrería- la barriga de un señor y, segundos después, el resto del señor, que olía como si se hubiera bebido la factoría de la Damm enterita. Empezó a preguntarme en Drunk English no sé qué puñetas y al final perdí los nervios y le contesté “ay! déjame en paz!”. También mascullé un “vete a la mierda, borracho asqueroso” que no entendió, por supuesto. Si algo caracteriza a los británicos es su rotunda negativa a aprender idiomas. Ni siquiera se molestan en aprender lo básico: “buenos días”, “gracias” e “hijo puta”, que son las primeras palabras que procuramos aprender los españolitos en cualquier lengua. Como yo sí sé inglés porque no he podido evitarlo, al final me dí cuenta de que el “gueiskanoc?” con que se me había dirigido significaba “¿Dónde está el Camp Nou?”.

Como éste había unos cuantos sueltos por Barcelona haciendo el cerdo, el jabalí y otros animales que probablemente no se merecen la comparación. Todos bebiéndose hasta el agua de las fuentes de la Plaza Cataluña (que seguro que coloca, dicho sea de paso), meándose por doquier y vociferando. En momentos así, me acuerdo del Top Ten aquel de los Lugares Más Decepcionantes del Mundo y del cuatro puesto de las Ramblas. Merecidísimo gracias a espécimenes así que refuerzan mi opinión de que viven en una isla porque a) Dios existe y b) en su infinita sabiduría, decidió dejarlos apartaditos del resto de la humanidad. Todo eso da vergüenza ajena. Y mucha. Pero lo que da vergüenza propia (y ésa es peor que la ajena) fue la decisión municipal de “dejarles hacer porque si no podría haber disturbios”. Acojonante. En el famoso macro botellón del año pasado, los mossos se dedicaron a cargar contra niñatos sin ningún escrúpulo pero se ve que a los simios estos hay que dejarlos beber en la calle y dónde les pete, que si no van y se enfadan. Yo tengo que vigilar para que mi perro no se mee en lugares dónde pueda molestar a alguien, pero los hoolingans estos pueden hacer sus cosas en mi portería y no pasa nada. ¿Somos idiotas o qué? Empiezo a pensar que sí, lo somos. ¿Por qué no nos tumbamos todos y que nos usen de felpudo? Es que casi es lo único que nos falta.

Y lo peor es que ésta es otra en la lista. Apagones que dejan sin luz tres días a media ciudad. Servicio de transporte público que parecen una gincana… Y nada, nos quejamos en el bar y en la tele y sí, va Montilla y dice al Gobierno central que por aquí estamos muy enfadaditos… pero seguimos tragando. Una detrás de otra. Que sorprende que aún nos quede pelo con la cantidad de él que nos toman día sí, día también.

Lo bonito y lo trágico de la democracia es que terminamos teniendo el gobierno que nos merecemos.