Sólo existen dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy completamente seguro.
A Einstein

Resaca después de cuatro días en Florencia. Ha sabido a muy poco. Claro que si hubiera estado cuarenta probablemente me habría pasado lo mismo. Da igual las veces que vea Florencia: nunca acabo de admirarla lo suficiente.

Subí los 463 escalones del Duomo. Me abrasé la espalda y los hombros contemplando la ciudad desde San Miniato primero y después desde el Fiesole (nota mental: no hacer turismo en pleno agosto a las tres de la tarde). Yo, que no piso una iglesia más que por bodas y funerales, he pagado por entrar a catedrales, basílicas, monasterios y capillas. Me he colado sin querer en las fotos de un millar de turistas y un montón de desconocidos se han colado en las mías porque es literalmente imposible fotografiar nada que no sea el cielo sin que aparezca una multitud de gente que, a su vez, está fotografiando lo mismo que tú. Cuando el ser humano se extinga y las cucarachas hereden la tierra, los insectos estudiarán nuestra manía de retratarnos empujando o aguantando la Torre de Pisa, igual que nosotros tratamos de averiguar cómo vivían los dinosaurios. Da igual la cultura, credo, raza o país de origen. En el campo del Miracolo (y en el puente Vecchio, y ante el Duomo y en la Piazza del Campo de Siena) se impone la “mente colmena” de la que a menudo habla Siser Nuria y todo el mundo se hace la misma foto.

Los turistas somos una jodida molestia, los souvenirs son de pésimo gusto (esos David vomitivos, con cara de flipados), los italianos hacen lo que les da la real gana y parecen divertirse mareándote (eso sí, te tratan con una cortesía y una paciencia que es para quitarse el sombrero), hay cosas que no son y otras que no están (como la Casa de Dante, donde Dante no vivió nunca, o las copias del David de Miguel Angel y el Perseo de Cellini en la Signoria). Pero Florencia no se muere de éxito. Puede que tengas que darte de empujones para contemplar el puente Vecchio, pero una vez lo consigues, es como si estuvieras tú sola.

El Gestor del Blog suele decirme que no entiende por qué insistí tanto en volver a una ciudad en la que ya he estado. Si no lo entiende después de ver la Piazza della Signoria, no sé cómo explicárselo. Pero sospecho – por las 1425 fotos que ha hecho en cuatro días y por sugerir una escapada de fin de semana para ver los Uffizzi (se nos quedaron en el tintero!)- que sí que lo entiende un poquito.

7 estupefact@s en “Florencia”

  1. Hay ciudades a las que tienes que regresar una y otra vez porque nunca tienes bastante de ellas…

    Besos

    Nanny Ogg

  2. Yo lo entiendo perfectamente, y me pasa no solo con Florencia sino con todas. Hay cosas de las que nunca te cansas, y las mejores ciudades estan arriba en esa lista.
    Besos

    Mk

  3. Ay, veo que Florencia te ha atrapado como me atrapó a mí. Yo la visité en febrero y había un ambiente todavía invernal que daba un misterio especial a la ciudad…

    ¡Ahora tienes que ir a París!

    Lucinda

  4. París está en mi lista desde hace tiempo, Lucinda. Pero no en verano. Me da que a París le sienta mejor el otoño o la primavera…

    Clarita

  5. Yo también quiero volver a Florencia, es una ciudad con magia y encanto. Ya estoy de vuelta de vacances jooooooooooo!Un besazo

    Nane

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    Cheryl

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