El síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En ocasiones, los prisioneros pueden acabar ayudando a los captores a alcanzar sus fines o evadir a la policía.
Debe su nombre a un hecho curioso sucedido en la ciudad de Estocolmo, Suecia. En 1973 se produjo un robo en el banco Kreditbanken de la mencionada ciudad sueca. Los delincuentes debieron mantener como rehenes a los ocupantes de la institución durante 6 días. Al entregarse los captores, las cámaras periodísticas captaron el momento en que una de las víctimas besaba a uno de los captores. Y, además, los secuestrados defendieron a los delincuentes y se negaron a colaborar en el proceso legal posterior.
En el hospital Eim Karem hay un departamento de psiquiatría especializado en extranjeros que presentan este síndrome que en términos médicos es un trastorno disociativo histérico: los enfermos generan otra personalidad que luego no serán capaces de recordar. Se trata de una quiebra del sentido común ante la sobrecarga espiritual que flota en el ambiente, ante tanta religión, ideología, historia, mitología, concentradas en cada piedra de esta ciudad, y sus evidentes consecuencias: guerras, cruzadas, conquistas, masacres, éxodos, martirios, milagros, caridades, tiranía, intolerancia, arte y destrucción.
El Dr. Bar-El señala que el síndrome de Jerusalén es análogo al “síndrome de Florencia” identificado por los psiquiatras italianos, que hace tiempo observaron una tendencia entre los turistas y visitantes de la ciudad a actuar de modo raro e irracional. Sin embargo, en Florencia, son las obras de arte y la belleza de la propia ciudad las que provocan, al parecer, la aparición del síndrome, más bien que la religión.
El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte.
Tiene esta denominación por el famoso autor francés del siglo XIX Stendhal (seudónimo de Henri-Marie Beyle), quien dio una primera descripción detallada del fenómeno que experimentó en su visita en 1817 a la Basílica de Santa Cruz en Florencia, Italia, y que publicó en su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio:
“Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme“
De todas las ciudades con síndrome propio, mi favorita es Florencia, aunque al suyo le pusieron nombre de escritor.
Prometo post si me da el ataque… y si no, también.



Es que Florencia es la belleza hecha ciudad.
Milgrom
4 de August, 2008
la verdad es que existen ciudades que te canvian el ánimo y los valores. Florencia es una de ellas, porque su belleza es indescriptible. Cuando llegues no estaré, pero si requieres terapia la hora va mu cara.Jajajajajaja Un beso
Nane
4 de August, 2008
Conocía los síndromes de Stendhal (o Florencia) y el de Estocolmo pero es la primera vez que oigo hablar del de Jerusalén. Me encantaría arriesgarme a sufrir el primero
Besos
Nanny Ogg
8 de August, 2008
Pues aunque no había oido nunca hablar del síndrome de Florencia no me extraña que exista de acuerdo a su descripción ya que es la cuidad mas impresionante en la que he estado aunque a mi no me ocurriese lo que a Stendhal.
Besos
Mk
9 de August, 2008
Va… lo reconozco, me declaro fan del blog, y seguidor desde hace tiempo…
Este post es brutal, y la foto de la tortuga nos ha hecho reir mucho rato.
Albert
19 de August, 2008