Siempre me han parecido muy instructivas las casas-museo o, en su defecto, las salas de los grandes museos dedicadas al mobiliario de siglos pasados. Aunque digan que todo tiempo pasado fue mejor, lo cierto es que a menudo pecamos de “cronocentrismo” y nos cuesta creer que había vida - y que tampoco se estaba mal - antes de que existieran la lavadora, el móvil y el champú anti-caspa. En una casa museo, además de intentar imaginar cómo sería guardar la ropa blanca en aquellos armarios tan enormes, se puede hacer un ejercicio de humildad muy útil: probablemente, nuestros ancestros vivían más incómodos pero se las debían arreglar bastante bien para empezar porque, si no, la humanidad se hubiera dado por vencida y nosotros no estaríamos aquí.
¿Cómo serán las casas-museo que evoquen nuestro cambio de siglo? Si por mí fuera, no habría duda: serían las tiendas Ikea. Bastaría con convertir las cajas en taquillas, el almacén en la Tienda del Museo y mantener tal cual la exposición de muebles. Los nietos de nuestros nietos se podrían hacer así una idea perfecta de cómo vivían sus antepasados. De cómo vivían todos, de hecho: todo el que compra en Ikea puede estar seguro de que se encontrara muebles exactamente iguales a los suyos en los lugares más insospechados: desde la casa de un amigo a la consulta del dentista. Se podrían sorprender de nuestro ingenio y destreza, ya que los carteles explicativos especificarían que los seres humanos de principios del siglo XXI se montaban los muebles ellos mismos. Aquí deberían dedicar una vitrina a la Llave Allen y a los manuales de instrucciones, como homenaje a todos aquellos que, alguna vez en la vida, se han tenido que enfrentar al montaje del armario Rakke. Mientras que nosotros tenemos que conformarnos con saber cómo vivían aquellos que podían permitirse muebles de calidad suficientemente buena como para sobrevivir a los siglos, nuestros descendientes se podrán hacer una muy buena idea de cómo era nuestra existencia: encajonados en pisos minúsculos, sin un duro y poco originales… en parte porque no nos podemos permitir otra cosa y, en parte, porque somos hiper sensibles a la publicidad. Y aquello de la República Independiente de Mi Casa (la reformulación de “mi casa es mi castillo”) nos ha llegado al corazón a todos. Claro que todo esto será posible en el caso de que el planeta aguante hasta el siglo XXII y que el cartón - materia prima de la mayoría de los productos Ikea - sea más perdurable de lo que parece a primera vista
Publicado en el Diari Maresme el 21 de Diciembre 07


Bueno… a saber de qué tamaño serán las casas del futuro, que cada días somos más en este planeta nuestro
De todas maneras, tienes razón, Ikea sería, desde luego, el lugar idóneo para hacer una casa-museo que refleje el hogar de las gentes de nuestro tiempo
Besos
Nanny-Ogg
22 de December, 2007
Curiosa Reflexión. Yo siempre me he hecho esa pregunta…¿Qué perdurará de nuestra civilización?
Milgrom
27 de December, 2007
Bueno, que se me olvidó. FElices Fiestas, retrasadas, pero bueno…
Milgrom
27 de December, 2007