Una vez, cuando trabajaba de cuenta cuentos (que nadie se emocione, lo hacía fatal) me dio por explicarle a los niños de P3 mi cuento favorito: Hansel y Gretel. Fue un desastre: hubo lloros, gritos y a más de uno se le vació la vejiga de miedo. Hasta ese momento, ingenua de mí, nunca había caído en la cuenta de que es un relato de terror puro y duro: niños abandonados en bosque espeluznante por un padre calzonazos acaban secuestrados por una bruja caníbal. Podría ser el argumento de una peli de miedo. De hecho, lo es: quién me diga que lo de la Bruja de Blair es original debería volver al parvulario. Después de haber desatado el pánico con ese cuento, me dediqué a hilar más fino a la hora de escoger mi repertorio y me encontré con que la gran mayoría de los cuentos infantiles “clásicos” - las historias que me contaba mi abuelito antes de irme a dormir- eran carne de censura. Antes de atravesar el pasa purés de la Disney, las hermanas de Cenicienta se rebanaban los pies para que les entrara el zapatito. La Sirenita tenía que apuñalar al príncipe si no quería convertirse en espuma de mar. La madrastra de Blancanieves quería comerse el corazón
de ésta y el Lobo devoraba a la Abuelita y a Caperucita sin que viniera ningún leñador (ni el osito Misha, en mi versión) a rescatarlas. Y eso sólo por mencionar los más famosos: si alguien tiene la oportunidad de pillar los cuentos completos de los Grimm, que lo haga. Hay tanto asesinato, mutilación y maldades que a ratos parece que estés leyendo el Antiguo Testamento. Supongo que quién decide qué etiqueta colgar a cada texto concluyó que si había niños implicados, el texto puede justificar el que se incluyan algunas ilustraciones monas y hay cierto rollo pedagógico, la cosa iba al saco de “infantil”. Desde luego, si algo tienen los cuentos clásicos es moraleja: si te sales del camino correcto, te come el lobo. No aceptes caramelos de los extraños, etc, etc.
Siempre me ha llamado la atención que, mientras que la literatura para niños es un género en sí, no lo es la literatura para adultos. Bueno, miento: si pides un libro para adultos en una librería, te indicarán dónde encontrar la literatura erótica, es cierto. Pero, dejando ese caso concreto a un lado, no es un género: es literatura a secas. Cuando a un libro le empiezan a sacar géneros, mal asunto, porque todos los géneros son “menores”. Y a mí eso me fastidia grandemente. ¿Menor que qué? ¿Menor porque los lectores potenciales son más bien bajitos? ¿Menor por ser más cortos? Dudo mucho que alguien tenga el morro de decir que es menor porque es más “fácil” de escribir: crear una historia lo bastante breve
como para que un niño pueda seguir el hilo, con suficiente emoción o personajes interesantes para engancharle y en un lenguaje lo bastante simple como para que lo entienda solo pero no tanto como para hacerle sentir tonto… me parece algo jodidamente complicado y no al alcance de cualquiera. Además, yo me cuidaría mucho de usar adjetivos como “simple” o con menos valor artístico: en este saco se meten libros como Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas, El Principito o buena parte de la producción de Roal Dalh (mi preferido mil veces y mil veces más. Me leería con gusto hasta su lista de la compra) . Cualquiera de ellos deja a la altura del betún a El Código da Vinci, por decir algo que haya leído TODO el mundo. No es que menosprecie la literatura “para adultos” (que parece que lo haga usando de ejemplo la cosa esa de Dan Brown) pero creo que hay el doble de mérito en escribir algo que pueda fascinar a cualquiera, tenga la edad que tenga que escribir sólo para los que tienen la misma que tú. A todo esto y ya que de best-sellers estamos hablando, que nadie olvide que el gran pelotazo editorial de los últimos años es, ni más ni menos, que un libro infantil: a ver quién puede medirse con Harry Potter (que es como los Cinco mezclado con Cenicienta y Carrie, todo al mismo tiempo. Y que conste que a mí me chifla mil veces Harry Potter). Recomiendo encarecidamente, echar un vistazo a la sección de literatura infantil: si a alguien le da corte, por tener ya una edad, que se agencie un niño para tener una excusa. Ahí van algunas razones, por si las ya expuestas no fueran suficientes:
- Los libros son cortos. Imposible que se te hagan pesados
- Las ilustraciones son chulas. ¡Vivan los libros con dibujos!
- Los malos son geniales. No se buscan excusas para serlo.
- Aprendes cosas. Posiblemente, ya sabes la mayoría pero nunca viene mal un repaso.
Recomendaciones de la sección de infantil
1. Las Brujas/James y el Melocotón Gigante/Matilda (por decir algunos) de Roal Dalh.
2. Los libros de Molly Moon (es el perro ése con los ojos raros).
3. Bailando en mis bragas invisibles de Louise Rennison (no lo he leido, pero con ese título promete muy mucho)
4. El Árbol Rojo de Shaun Tan. Nunca entendí por qué este libro estaba en literatura infantil. ¿Será por los dibujos? Es pura terapia para días malos.

Y por último, pero no menos importante, aléjense de Teo y Las Tres Mellizas. Ya sé que son educativos y que esto no tiene valor de recomendación porque se basa en una fobia personal y probablemente no muy justificada. Pero es que no soporto a los niños repollo.


Falta un “CASI” delante de ese “TODO”, oiga!!!
Yo me compré a Dahl en V.O y ahí está, el angelico, criando polvo… nchts.
Yo, otra vez
6 de November, 2007
Lo del “casi” es por El código da Vinci? Olé perlita, que no se deja engatusar! ;P
Clarita
6 de November, 2007
Yo he descubierto mucha literatrua infantil con mi niña. Como no, me he leído La historia interminable, Alicia, Harry Potter, El mago de Oz, etc. Pero esos otros cuentos que tantos consideran como literatura menor eran desconocidos… Y ahora me encantan.
He descubierto que hay muchas maravillas en las estanterías de la sección de infantil. Yo también hago unas recomendaciones (no sé si los conocerás):
- “El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos” de Jon Scieszka
-”¡Sígueme! : (una historia de amor que no tiene nada de raro)” de José Campanari
- “Pomelo” de Ramona Badescu y Benjamin Chaud (Esto son tres o cuatro libritos).
Son unas pequeñas joyas.
Besos
Nanny-Ogg
6 de November, 2007
¡Ah! Yo tampoco soporto a Teo y las Tres Mellizas… Puagh
Nanny-Ogg
6 de November, 2007
Tienes toda la razón: hay por ahí verdaderas joyas pero no las descubres hasta que tienes críos. Yo, con el rollo del cuenta cuentos descrubrí a Gianni Rodari, por ejemplo. Te lo recomiendo mucho, es muy divertido!
Clarita
6 de November, 2007
El mundo de los cuentos es realmente como dices. Los cuentos surgen en la Edad Media, como una manera de educar a la gente en el supuesto orden correcto de las cosas. En esa época la educación se basaba en el miedo, por lo que las comparaciones y las situaciones que se daban en ellas se hacían para aterrorizar a aquel que osase salir del orden establecido. Siempre habían una serie de elementos como el Rey Bueno (tú señor feudal), el rey malo (el enemigo), el lobo (la naturaleza salvaje), la mujer libertina (como causa de muchos males). Poco a poco gente como los Hermanos Grimm, Perrault, Andersen, y muchos más fueron sino suavizando, sí aportando los valores propios de cada época siguiendo con su labor pedagógica. Fue Disney, quien los dotó de una versión almibarada, pero en el que el transfondo ideológico seguía siendo el mismo: No romper el orden establecido.
El mundo de los cuentos es realmente apasionante. A mí por lo menos me fascina.
Milgrom
6 de November, 2007
En un campamento que trabaje de monitor, teniamos por costumbre leer un cuento por la noche a nuestros niños de cada habitacion.
En mi caso, que no tenia ganas de improvisar un cuento, fui a la biblioteca del colegio en el que nos alojabamos. Vi que en la seccion de 8 a 10 años habia una seleccion de cuentos infantiles de Tolstoi.
Sin leermelo previamente, les conte uno al azar esa misma noche. Era la historia de una abuelita que veia morir a sus nietos por ser negligente con el fuego. Afortunadamente, no se enteraron de misa la media porque eran muy pequeñitos y simplemente con mi voz se quedaron torrijas.
Esto me dio la idea de intentar leerles la introduccion de Tolstoi. Dialectica, gnosticismo y palabras semejantes salieron de mi boca y aun asi los nenes encantados no me quitaron el ojo hasta quedarse sopa.
Poco a poco fui subiendo el nivel, hasta llegar a leerles el prospecto del Strepsil. Os juro que se mandaban callar entre ellos. Una buena entonacion y un poco de ambiente les cautiva!!!
Perdon por la chapa,
Portrait
6 de November, 2007
mmm… no he tenido la ocasión de leer el cuento original de Hansel y Gretel, pero me parece un poco fuerte que los niños se meen encima de puro miedo sólo por escuchar un cuento. ¿De qué están hechos los niños hoy en día? ¿No decían que van sobrados de violencia televisiva? Y luego resulta que los cuentos infantiles de toda la vida los aterrorizan.
Quizá fuera la forma de explicarlos o quizá fuera que yo siempre he sido un poco morbosa, pero recuerdo perfectamente los cuentos que me explicaba mi abuela cuando era una enana de dos o tres años. En el de las siete cabritillas y el lobo la madre abría en canal a la fiera con unas tijeras enormes, rescataba a su prole (que por lo visto no había sido masticada ni digerida… bendita ingenuidad!) le llenaba la barriga de piedras y lo volvía a coser. Cuando el lobo se despertaba sediento se dirigía a un río cercano donde se caía y se ahogaba.
Caperucita y su abuela eran rescatadas por un cazador que le volaba la cabeza al loboferoz.
En el de los tres cerditos el lobo no derribaba las casas soplando sino con un pedo apocalíptico.
En fin, sólo son unos ejemplos, pero recuerdo perfectamente que disfrutaba oyendo esos cuentos una y otra vez y nunca jamás tuve miedo.
de paso
8 de November, 2007
A mí también me fascinan Milgrom. El cuento en sí, como “formato” me gusta muchísimo (más que la novela, de hecho)y los cuentos infantiles especialmente. Ver qué pretendemos inculcar a los niños nos ayuda a saber en qué sociedad vivimos. Me encanta pillar cuentos tradicionales de otras culturas, el cambio de punto de vista es muy interesante.
Ottia, Portrait, yo matándome a buscarles cuentos y con el prospecto del strepsil hubiera bastado!! Cuando era ñaja, agoté el muy extenso repertporio de cuentos de mi abuelo y él empezó a explicarme la Biblia como si fuera un cuento. Y no os lo creeréis pero de esa manera, resulta fascinante.
Sí yo también flipé con que lloraran y todo. Igual es que como me gustaba mucho el cuento me emocioné. Bueno, piensa que también eran muy chiquitines, 3 añitos. A los de 4 no les inmutó. Es curioso cómo cambian en apenas un año
Clarita
8 de November, 2007
Dahl es el genio de los genios, yo lo devore de pequeña en español y lo redescubro ahora en ingles. La gente que desprecia los libros de niños y adora “el codigo da vinci” no sabe lo que se pierde. Da gusto encontrar opiniones como la tuya.
Un saludos!
MerylSpider
10 de November, 2007
Me ha encantado tu blog, lo he descubierto hoy (que debería estar estudiando… pero eso ya es otra cosa xD).
Hace un tiempo me dejaron un libro “Mujeres que corren con lobos” o algo así, y, aparte de ser un libro para que te sientas “más mujer” y esas cosas (que a veces va bien que te recuerden que lo eres, al menos en mi caso) hace un análisis de cuentos clásicos en su versión original, es decir, sin censuras y realmente muy bestias. Explican el cuento y luego analizan los personajes y sus acciones trasladándolas a la vida real. Muy interesante, la verdad. Bueno, seguiré pasándome por aquí que lo he pasado bien este rato.
despistada
24 de February, 2008
Muchas gracias despistada. Nos leemos pronto
Clarita
24 de February, 2008