Sólo existen dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy completamente seguro.
A Einstein

Ayer leí en el periódico que el comercio barcelonés necesita cubrir 4000 puestos de trabajo como dependiente/a… y que no hay manera. Nadie quiere trabajar en las tiendas y no hace falta ser sociólogo, psicólogo o veterinario para saber por qué: sueldos escasos, jornadas laborales que incluyen el sábado… y cuando se tercia, domingos y festivos. A eso hay que añadirle que todo el mundo considera que currar en el comercio es de lo más bajo, por supuesto. La noticia me llegó al alma porque la cabra tira al monte y porque mi jornada laboral de ayer podría ilustrarla perfectamente.

08.00. En pie. En sábado. Pero hay que ser positiva: tengo el turno de la mañana, lo cual quiere decir que a las 16.00 estaré en la calle y podré disfrutar de casi casi un fin de semana entero. Cuando llevas suficiente tiempo en esto, aprendes a ilusionarte con los sucedáneos de sábado libre.

08.40. En el metro, rodeada de peña en estado lamentable que vuelve de fiesta. Yo estoy perfectamente sobria y recién duchada. Deprimente (yo, no ellos).

09.00. Entro a trabajar. Mi jornada empieza oficialmente a las 09.30 pero prefiero entrar antes e ir adelantando faena. Ya sé que es una gilipollez porque nadie me paga esa media hora extra… Pero existe una cosa llamada “efecto boomerang” que consiste en que todo lo que dejas a un lado, tarde o temprano vuelve a ti para darte en la boca. Y como ya lo he sufrido suficientes veces, prefiero sacrificar treinta minutos de mi tiempo personal e ir desactivando bombas potenciales lo antes posible.

09.15. No consigo entrar en mi despacho. El problema es que lo comparto con otro departamento. Y ellos tienen las llaves de la puerta pero todavía no han llegado. Es un poco rollo, porque probablemente, este ratito sea el único momento del día que podría dedicar a mis tareas oficiales.

09.30. Ya puedo entrar. Empiezo a abrir cajas (de las de cobrar, se entiende) y no me cuadra ninguna, así que tengo que contar el dinero de nuevo.

09.40. Veo llegar a una de las cajeras. Altamente sospechoso: su hora de entrada al curro son las diez menos diez y, en todo caso ésta nunca aparece hasta menos cinco. Me lo veo venir, no hay más que mirarla a la cara: tiene “sabaditis”. La sabaditis es una enfermedad crónica que tiene ella y que consiste en ponerse mala de lo que sea (lo habitual era un herpes labial, hasta que le dijimos que no colaba) en sábado. No en martes o en jueves, sino en sábado. Es especialmente aguda si tiene turno partido. Efectivamente: hoy la sabaditis se ha manifestado en forma de “vómitos” y me explica que sólo ha venido a decirme que hoy no iba a trabajar. Como soy una bruja sin entrañas, le comento que cuando yo me pongo a echar la papa, no me quedan fuerzas ni humor para pillar el metro e ir al curro a informar de que me voy a casa. Pero bueno, cada uno es como es. Me tiene diez minutos intentando convencerme de que se encuentra mal, pero como soy una arpía que no cree en las enfermedades que sólo surgen los sábados, me canso y le digo que vale, que se pire, que a su bola. Es que faltan diez minutos para abrir y yo no tengo preparado NADA.

09.50. Rehago el plannig del día – que Carmita había dejado preparado el jueves – para adaptarlo a la nueva situación. Por enésima vez esta semana me pregunto por qué nos molestamos en planificar nada si al final siempre tenemos que improvisar sobre la marcha.

09.58. Llega la otra cajera. Como voy de culo, no me da tiempo a echarle bronca por llegar a esas horas.

10.00. Abrimos. Como me falta una cajera, no me queda más remedio que cubrirla en lugar de estar en mi despacho ocupándome de la creciente montaña de papelotes que se amontonan en mi mesa con las palabras URGENTE y PARA AYER escritas en rojo. No importa; a mí me gusta el trato al público. Además, puedo aprovechar ratos muertos para ir adelantando cosas. Optimismo.

10.15. Ya tengo cola.

10.30. Una mujer llorosa se me atrinchera en el mostrador y empieza a contarme una historia muy larga y muy complicada. Yo, que soy así de ingenua, intento prestar atención. Vale, lo que me cuenta no tiene ni pies ni cabeza pero lo que me cuenta la mayoría de la gente también me parece un galimatías. La mujer empieza a delirar y yo intento frenarla un poco preguntándole cuál es exactamente el problema. Entonces se pone a gritar que gracias a mujeres como ella, a mujeres como a mí no nos muelen a palos y se me inclina en el mostrador en plan “te voy a dar”, lo cual no deja de ser irónico. Entonces interviene seguridad y, claro, se pone todavía más frenética (aunque yo se lo agradezco grandemente a los señores de las porras, porque de verdad que no me apetecía nada que una ¿militante pro derechos de la mujer? me ahostie sin venir a cuento). Entre todos, conseguimos sentarla en un rinconcito y tenerla más o menos controlada hasta que lleguen los Mossos y el 061. A estas, toda la gente que estaba contemplando el espectáculo de la psicótica en plena crisis decide dirigirse en masa hacia mi caja para pagar (y para que les cuente qué ha pasado exactamente), con lo que se me hace una cola del copón.

10.45. Llega la chica nueva. Empieza hoy y el panorama que se encuentra es:

– Mogollón de gente.
– Su jefa (una misma) que no sabe si cortarse las venas o dejárselas largas.
– No tiene NI IDEA de cómo funcionan las cajas.
– Le informo que, a pesar del punto 3 y muy en contra de mi voluntad (mi plan era estar con ella toda la mañana) va a tener que apañárselas solita porque tengo que cubrir a una cajera.
РHay una loca gritando en medio de la tienda mientras una enfermera del 061 trata de convencerla de que los acompa̱e a la ambulancia.

La pobrecita pone cara de quererse morir. Lo entiendo: ya somos dos.

11.00. Llegan Jane y Grissom (son pseudónimos, no tengo ganas de pagar copyright ni nada de eso). Se parten de risa un ratito a mi costa – soy su jefa pero nunca me toman muy en serio – y acto seguido se ponen a currar como mulas y a cuidar de la chica nueva antes de que le dé un infarto y bata el récord de La Empleada Más Breve De La Historia. Aunque suene a peloteo, la verdad es que tengo unos niños que no me los merezco (con expeciones muy concretas, en general son la bomba), de lo buenos y curris que son.

11.10. El 061 consigue llevarse a la psicótica a un lugar con paredes acolchadas.

11.15. Llega mi jefa – si a alguien le parece que tiene un chollo de horario por entrar a trabajar pasadas las once, le informaré de que ella probablemente acabará su jornada laboral a las nueve de la noche. Y eso, en sábado – y me lleva a desayunar para que me relaje un poco. Me fumo dos cigarrillos seguidos y a pulmón y me tomo un café largo de un trago. Con lo cual, vuelvo al trabajo acelerada perdida.

11.30-13.30. Colas, colas, colas. Varios clientes se enfadan y me gritan y yo sonrío y digo “adiós, buenos días, ¿siguiente?”. La gente con el sábado libre tiene muy mala leche, lo que me hace pensar que o dios da pan al que no tiene dientes o que en realidad, no me estoy perdiendo nada por trabajar el fin de semana. Llevo un móvil colgado del cuello, cual cencerro, que es algo así como el teléfono de la esperanza. Cuando alguien no sabe algo o se agobia mucho con un cliente o tiene cola, pues me llama. Cuando suena me dan ganas de tirarlo contra la pared, pero como la persona que me llama no tiene la culpa, al final siempre lo cojo y procuro ser amable. En resumen, dos horas corriendo de aquí para allá, como un pollo sin cabeza.

13.30-14.30. Viene Anita y su novio y sus colegas a comprarse la Wii a plazos. Me hace ilu verla, hasta que me dice que tengo una sonrisa de psicópata en la cara que da miedo de verme. No me molesta el comentario, es que me temo que tiene razón.

14.45. Grissom me llama y me pide si por favor puedo ir a echarle una mano. Parece un poquito desbordado, lo cual es muy raro en él porque en el curro es como de goma: todo le rebota. Hay que currárselo mucho para atacarle los nervios. Resulta que hay una chalada explicándole una historia de lo más enrevesada, quejándose por todo y agobiando cosa mala. Me parece muy injusto: hoy ya habíamos cubierto el cupo de locas de atar. En cuanto llego, reconozco el perfil. Aunque la mayoría de los clientes son gente perfectamente normal que, cuando se queja, lo hace con toda la razón, hay gente que necesita liarla y un comercio es un lugar ideal para desfogar sus ganas de bronca. En una tienda siempre puedes buscar un motivo para montar el pollo y los empleados suelen ser muy jóvenes y cobrar muy poco, asi que a) son un blanco fácil y b) te hacen sentir superior. Corto el tema rapidito con un “muy bien, le devuelvo el dinero, si quiere aquí tiene la hoja de reclamaciones, su opinión nos ayuda a mejorar. Adiós buenas tardes”. El que quiera darle una fiesta a su ego, que se pague un psicólogo.

15.10. Por fin puedo entrar en mi despacho. Me pongo a hacer las tareas más indispensables, porque si no, mi compi me va a matar y/o suicidarse cuando llegue.

15.45. Llega la Carmita, mi compi, para hacer el cambio de turno. Se descojona viva cuando le paso el informe de la mañana. Me dice “bueno, lo normal en sábado, ¿no?”. Y lo peor es que tiene razón: todo esto es lo normal en sábado.

¿Alguien quiere trabajar en el comercio?

11 estupefact@s en “Sábado”

  1. Servidora ya tuvo su ración, gracias. Trabajé en un super, los sábados eran mortales, las broncas monumentales, el entumecimiento de piernas horrible. Siempre he pensado que es el trabajo peor remunerado y menos valorado del mundo.

    Yo, sinceramente, pondría un monumento a todos los que trabajan en ese sector… Bueno, a casi todos que los hay que ya, ya :)

    Besos

    Nanny-Ogg

  2. Jajajaja, entonces me comprendes. La verdad es que la gran mayoría de los clientes son un sol (me baso en la experiencia) pero el que pillas cruzaó, ese no lo olvidas en toda la vida. Lo mismo pasa con l@s dependientes/as: desde que curro en esto – y he aprendido que cuánto más pones de tu parte para atender bien, mejor te trata la otra persona… parece lógico pero no todo el mundo lo tiene tan claro- no sólo me he vuelto comprensiva cuando quién me atiende mete la pata. También soy muy exigente con como me tratan como clienta y soy muy capaz de soltar la frase esa de “Quiero la hoja de reclamaciones!”

    Clarita

  3. Hasta que no te digan que te metas un router por el _oño (la rayita es para poner letra, a escoger entre c, c y c) tus locas me las paso yo por la c de antes :)

    PD: L-J 8-17, V 7-15

    Yo, por supuesto

  4. mi no comprende la posdata perlita… versículos de ti biblia personal y actualizada??

    Clarita

  5. Juraría q la posdata es el horario laboral (lunes a jueves de 8 a 17 y viernes de 7 a 15)

    A mí, trabajar en comercio me ha provocado una conciencia gremial brutal. No me enfado con las cajeras, pero sí con las abuelas de las colas q se te cuelan y protestan como si las mataran, y no entro en una tienda cuando quedan quince minutos para cerrar, a no ser que sepa claramente, q no voy a tardar más de 2 minutos.

    Yo batallaba en San Adrian hasta las 10 de la noche, y ya te puedes imaginar lo que había por allí

    Un día de la dependienta sufrida es lo q habría q promulgar! Y un salario mejor, desde luego porque, que todo cristo se crea que, por estar tras un mostrador, eres la criada de todos, no se paga nunca lo bastante…

    Adisabeba

  6. La hermanita tiene razón, es mi horario, a modo de… revulsivo, creo que le llaman, y de chincharrabia, claro.

    Yo, por supuesto

  7. Me he visto tentada a escribir una entrada de respuesta a ésta, pero como no tengo donde, tendré que dejarlo correr (con lo que se acaba la conmoción en la fuerza y en la cabeza de más de uno). Y plantearlo como comentario resultaría igual de aburrido que éste y para encima mucho más largo, así que sólo diré: S 11-15 y 16:30-20:30.
    Ganadora: ¡yo!

    Kris

  8. Juer q faena Kris!

    A mi, cuando me tocaba horario partido, me tocaba esto

    L-S (D si el centro estaba abierto: 11-14 y 17:30-21-30

    Nuria

  9. Madre, entonces no puedo decir nada, que sin lugar a dudas la sufridora number one en el sector terciario fuisteis vos!
    Yo nunca lo he tenido tan mal, aunque los sábados sean ahora un poco torcidos el resto de la semana lo tengo mejor repartido.
    Tienes todo mi respeto y admiración.

    Kris

  10. Un sábado bastante normal…
    A todo esto… sumale la profesionalidad y la sonrisa en la cara! Duro… muy duro!
    Me has hecho revivir aquellos interminables sábados de trabajos que sólo se aguantan con buenos compañeros de trabajo ;)
    Muy bueno y real el comentario. Un beso

    Mar i cel

  11. Mar i Cel!!! Qué ilu! jajajaj, ha hecho falta un post gremial pa que digas algo ;)
    Pues sí, que quede clarito que se aguanta lo que se aguanta porque al final te lo pasas bomba con la peña. Que si no, te volvías psicópata, jejeje.
    Mil besos

    clarita

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