Sólo existen dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy completamente seguro.
A Einstein

el-rei-de-la-casa.jpg Hace casi dos meses fui a una exposición en el Palau de la Virreina titulada “El rei de la casa, adults als 10, nens als 40″ con la excusa (no necesitaba excusas para ir pero sí para que me acompañaran) de escribir un artículo sobre ella. Después de todo el verano intentándolo, finalmente me he rendido: nunca escribiré el artículo. Para empezar, porque a la expo le quedan cuatro días y ya no vale la pena pero sobre todo porque soy incapaz de enfocarlo como debería. Y por cierto, no es del todo culpa mía… Es que planteamiento de la exposición es demasido retorcido. La idea original me encantó: la evolución de la imagen de la infancia a lo largo de la Historia. Es un tema fascinante si lo analizas desde el punto de vista social, histórico, pedagógico, psicológico… Pero a ellos les ha dado la vena de hacerlo desde el artístico y ahi es dónde la cosa se comienza a desinflar.

Los niños son un bien escaso en los paises ricos (para situarnos, al norte y al oeste en el globo terráqueo). Las mujeres esperamos para tener hijos casi hasta que el reloj biológico empieza a echar humo y nos conformamos con participar del milagro de la vida una vez, porque ni el cuerpo ni la cuenta corriente ya dan para más. Así que la pirámide de población se nos está quedando hecha una pena lo cual, entre otras desgracias, augura un futuro más bien negro para los que nacimos durante el boom de la natalidad de los 70, que somos legión, porque el sistema de pensiones se basa en que haya más gente en la base de la pirámide que en el vértice. Se supone que deberíamos andar engendrando a la gente que nos pagará la jubilación y, en lugar de eso, nos quedamos en casa de nuestros padres hasta la treintena y, cuando por fin abandonamos el nido (o nos echan a patadas), no nos llega el sueldo para alimentar más boca que la nuestra. Sueldos ridículos y vivienda por las nubes, eso sí que es un método anticonceptivo eficiente.

head_toddler.jpgNo sé si el nivel de mimo en el que tenemos a los niños ahora será por eso o porque la sociedad evoluciona y, con ella la imagen que se tiene de la infancia. La niñez no es sólo un periodo biológico sino también un periodo social: nuestra idea de niño no es, ni de lejos, la que se tenía hace doscientos años y, si nos ponemos, ni siquiera es la de hace cincuenta. A quién la parezca que exagero, que se pare a echarle un vistazo a los columpios de los parques infantiles: madera o plástico, con los cantos limados, el suelo acolchado (con césped artificial o cualquier cosa rara y mullida)… Nada que ver con aquellos columpios mata-niños de hierro de mi infancia (y sólo hay unos treinta años de diferencia), que ofrecían multitud de oportunidades para romperte algo y, de paso, pillar el tétanos. Hasta bien entrado el siglo XIX los niños eran adultos enanos que curraban como el que más y a los que no se tomaba en serio hasta alcanzar la pubertad, cuando ya se podía esperar que fueran a sobrevivir a largo plazo. El nivel de protección legal, social, emocional a la infancia es cosa de hace cuatro días y sigue en aumento. Ahí están los columpios, en serio. Después de que toda una generación se abriera la cabeza, se rompiera un brazo o se dejara los dientes en el parque, se ha conseguido que la siguiente juegue entre algodones. Y más que eso. Son los reyes: el niño de mamá, de papá, de los abuelos, de los tios… de todos porque hay poca competencia. El objeto de deseo de todos los que quieren venderte algo. Tener un hijo genera una serie de necesidades materiales interminables: los clásicos (carrito, biberones, pañales, cuna, potitos, ropita) y los modernos (el arnés para cargar al niño, el vigila bebés, los manuales para dormirlo, para despertarlo, para darlo de comer, el dvd de Baby Einstein…). Luego el crío crece y viene más ropita, la playstation, las actividades extra-escolares, el casal, los campamentos, el móvil y el cole concertado, que la escuela pública ya está que da pena. Falta espacio en nuestros mini pisos de segunda mano hipotecados a 40 o 50 años para meter los trastos que todo niño de hoy en día necesita, para regocijo de los fabricantes de TODO, que hace tiempo descubrieron que los adultos estamos más que dispuestos a soltar la pasta con tal de no aguantar una rabieta.

Y podría seguir pero esto ya se está alargando demasiado hasta para mí y, además, no tiene nada que ver con lo que se puede (o se podía) ver en la expo. Podría haber sido muy interesante. Pero no desde el punto de vista artístico. Igual es por falta de medios, pero loretta-lux.jpgaquello no había por dónde pillarlo. Los cuadros de Loretta Lux lo único que me sugerían eran un mal rollo que te mueres: todos esos niños cabezones parecían los primos hermanos de Damien -otro tema desaprovechado, el niño-que-da-miedo- y me pareció el colmo del morro, la vagancia y la cutrez lo de empapelar una pared con fragmentos de canciones de amor escritos a word en un folio en blanco. Según los organizadores, con eso ilustraban la idea de que los niños son fruto del amor… Así que me gustaría que me explicaran por qué entre las canciones estaban “La mataré” de Loquillo (poco fruto va a dar un amor así) o “The KKK took my baby away” de los Ramones (completamente surrealista). Lo mejor - además de la compañía- fue la parte de “El supermercado: ensayos sobre el consumo”. Fue lo único que me pareció interesante y original.

En fin que nunca escribiré el dichoso artículo porque de lo que yo querría hablar no encaja con la expo y no hay nada de la expo sobre lo que me apetezca escribir. Pero ya que desperdicié tres euros en verla, no iba a desperdiciar también mis borradores. Sólo faltaba eso.

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2 estupefact@s en “El rey de la casa”

  1. Oye ¿y no será que antes éramos tantos que no importaba uno de más o de menos? Pufff… perdón por el humor negro, no he podido evitarlo :D

    Pero es cierto que ahora se exagera la protección a la infancia. Y es cierto lo de los trastos (dímelo a mí que no sé dónde meter los juguetes de mi enana… y tiene 5 años pufff).

    Igual es lo que tú dices y es porque, al ser únicos, carecen de competencia y, hala,todo para ellos.

    Besos

    Nanny-Ogg

  2. Pues al final sí has escrito el artículo. Es éste, ¿no?

    La Chirvi

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