(ejemplo práctico)
Introducción
Este verano, aparte del caos imprevisto - que disfrutamos por gentileza de Renfe y las compañías eléctricas- en Barcelona también tenemos caos previsto. En un mismo periodo, algún iluminado ha decidido cortar por obras parte de dos lineas de metro y un buen trozo del recorrido del Trambesós. Todo a la vez. Para cubrir el servicio se ha recurrido a autobuses: el del Tram de pago, los del metro gratuitos (ni idea de por qué).
Para situarnos, la cosa sucedió en el autobús que cubre el tramo Ciutadella-Vila Olímpica a La Pau de la linea 4. Autobús gratuito que hace parada lo más cerca posible de las estaciones de metro que han quedado fuera de servicio. Y dichas paradas, claro, casi siempre coinciden con las de otros buses.
Caso
Domingo pasado. Voy tan traquila en el Bus Gratis (en mi barrio se le llama así. Gracias a él muchísima gente ha estado yendo a la playa por la patilla todo el verano). Llegamos a Besós. Baje gente, sube gente y el autobús arranca, dirección La Pau. Pasamos la Gran Via. Una señora (de esas que te ponen a parir si tardas más de un nanosegundo en cederles el asiento cuando entran en cualquier transporte público), toda vestida de domingo, pulsa el botón para solicitar parada. El bus enfila por la Rambla Prim y pasa de largo ante una parada del 36. La señora se pone a berrear cómo si la mataran “Puertaaaaaaaaaa! Puertaaaaaaaaaaa!”
Conductor: Señora, si aquí no hay parada.
Señora (como si el conductor fuera imbécil): ¿Cómo qué no? ¿Y eso qué es?
Conductor: Pues la parada de otro autobús. Éste ya no para hasta la Pau.
Señora (en plan prepotente): Eso da igual, es de la misma compañía. Abre la puerta que me bajo aquí.
Conductor: Señora, que no le abro, que no es mi parada.
Señora(francamente borde): Pero yo me tengo que bajar aquí.
Conductor (francamente harto): Pues haber cogido otro autobús, que esto no es el taxi.
Señora (cambio de táctica. Pasamos al rollo desvalido): Es que me he equivocado de autobús y no me he dado cuenta hasta ahora.
Conductor: Pero usted no ha pagado cuando ha subido a este autobús. ¿No se ha dado cuenta de eso? ¿O es que no paga en ninguno?
Señora (con cara de me-han-pillado… O nunca paga o ya tenía planeada la jugada): Pero a ver, ¿qué te cuesta parar? (ahora ya rollo abuelita encantadora)
Conductor: Pues costarme igual no me costaba nada. Pero si pide las cosas a gritos y con prepotencia se aguanta y se baja en La Pau, que el que usted se equivoque no es mi problema.
Y efectivamente, se jodió y se bajó en La Pau. Dio por saco el resto del trayecto, pero se bajó en La Pau.
Moraleja:
1. Los “favores” no se exigen. Y sí, hay cosas que el cliente no puede exigir porque no vienen en el menú, por así decirlo.
2. Nadie es responsable de que tú te equivoques. Apechuga.
3. Jamás le toques las narices a alguien que está currando en domingo. ¿No has oido hablar del efecto boomerang?


A - MÉN.
Es que hay cada toca narices por ahí que ya, ya…
Besos
Nanny-Ogg
26 de August, 2007