Ahora que estamos en periodo de vacaciones y que las compañias de bajo coste han hecho posible que salgamos por el mundo a hacer el guiri a un precio más o menos razonable, una de las cuestiones se plantean al organizar el viaje es: ¿hay que perder tiempo visitando museos?.Como todo en esta vida, depende. Pero en general la respuesta es SÍ. Aunque sea El Increible Museo de los Dedales, hay que ir. Los museos son una excelente manera de echar un rato. También lo son los bares, es cierto, pero a la larga un museo sale más barato y el hígado lo agradece. Además, a la hora de dar la brasa a los demás con tus vacaciones - dar envidia es uno de los grandes placeres de viajar-, queda mejor hablar de los museos que has visto que de las cervezas que has trasegado.
De todos modos, lo guiri no quita lo sensato. Centrándonos en el caso de los Museos del Top Ten (tipo Louvre o Prado) que son los que más pereza dan, ahi van unas pocas recomendaciones para que el cumplir con la visita obligada no se convierta en un suplicio.
1. Elegir bien el día. Lo mejor es hacerlo en función del tiempo: los museos suelen estar climatizados asi que si empieza a llover, si hace un frío que pela o un calor abrasador, es el día perfecto para visitarlos. Eso sí, se debe tener en cuenta de que, como en todo lugar público, nunca aciertan con el termostato, así que si fuera nieva, dentro hará falta una camiseta de tirantes y si hace calor, será necesario llevar un suéter.
2. Atención a la indumentaria. En general se puede ir cómo a uno le dé la gana (excepto en los Museos Vaticanos y sitios por el estilo, que vetan minifaldas y camisetas que dejen ver los hombros… da para muchos comentarios pero lo dejaremos para mejor ocasión) pero es importante prestar atención al calzado. Los museos grandes son MUY grandes y los pocos asientos disponibles en las salas suelen estar ocupados por señoras gordas con los tobillos tan hinchados que parece que vayan a explotar. Mejor abandonar toda esperanza de sentarse.
3. Informarse. Sobre lo que hay en el museo para evitar bochornos. Para muestra un botón: en el Rijskmuseum de Amsterdam se cansaron de que les preguntaran a todas horas por “La joven de la perla” y optaron por colgar un montón de pósters del cuadro en los que pone: “estoy en el museo Mauritshuis de La Haya”. Ser guiri ya convierte a la gente en susceptible de hacer el ridículo, así que procuremos evitar pasar vergüenza innecesariamente.
4. Organizarse: una vez informados sobre a qué nos estamos enfrentando elegir un puñado de objetivos. Cada gran museo tiene sus joyas y ni a los que entienden algo de arte se les ocurre chuparse todo el recinto en una sola vez. Así que lo más sensato es centrarse en cuatro cosas y al resto, echarle un vistazo de camino. Total, si se queda algo en el tintero, casi siempre se puede volver hacia atrás. Hay que hacerse con un mapa del museo y montarse un itinerario.
5. No desesperarse: la grandeza de un cuadro es directamente proporcional a la cantidad de gente apiñada delante. Por desgracia, hay obras muy grandes en importancia pero muy pequeñitas en tamaño así que mejor echarle paciencia e ir avanzando poco a poco. Si a uno no le importa que le insulten en varios idiomas, siempre se puede optar por la clásica postura de “codos fuera” y avanzar con decisión hasta primera fila. Se corre el riesgo de ser invitado a abandonar la sala por el segurata de turno (siempre hay uno rondando ese tipo de cuadros) pero al menos se habrá cumplido con la misión.
6. Culturizarse. ya que estamos ¿por qué no intentar aprender algo? Hay tres opciones: comprar la guia del museo (cara y a menudo mal escrita), comprar una audioguia (práctico pero impone su ritmo y se corre el riesgo de confundir la explicación de una obra con otra que esté en otra sala) o localizar un grupo con guía y acoplarse discretamente (el mejor siempre y cuando la visita guiada sea en un idioma que uno entienda). En los museos de arte moderno se puede prescindir de todo esto, seguro que cualquier cosa que uno se invente es perfectamente válida.
7. Cómo mirar un cuadro. La grandes dudas: ¿cuánto rato hay que mirar un cuadro? el justo y necesario. Es decir, hasta que empieces a aburrirte o la gente que te acompaña haya desaparecido. ¿Qué se supone qué hay que mirar? Ya es tarde para un cursillo acelerado de Historia del Arte. Una opción es mirar la ropa que llevaba la gente y dar gracias por haber nacido en el siglo XX y no tener que llevar miriñaque. ¿Qué es lo que están mirando todos los demás? Los demás también están pensando cuánto tiempo tienen que estar plantados como una col para que la gente piense qué tienen idea de algo. No te dejes engañar por los que ponen cara de entendidos.
8. No tocar nada. Es tentador, cierto, pero los seguratas se lo toman fatal y, además corres el riesgo de romper algo. Igual a tí el cuadro te parece feo pero esas cosas son más caras que un piso en pleno centro.
9. Evitar la tienda del museo En serio, no vale la pena pagar diez euros por un imán de nevera con la cara de la Mona Lisa. Hay souvenirs igual del mismo mal gusto y mucho más baratos fuera. ´
10. Asegurarse de que ya se puede salir: es decir, si ha parado de llover o si ya han abierto cocina en los restaurantes. Si no es así, siempre puedes acercarte al bar del museo y tomarte algo. Es caro pero ¡eres guiri! así que puedes dejarte timar un poquito en beneficio de la causa.
Una vez fuera, ya se puede ir de cañas con la conciencia tranquila. ¿A que no ha dolido tanto?
*Artículo publicado en Diari Maresme (17.08.07)


Jajajajaja, me ha encantado, sobre todo la siete. Yo ya paso pasar demasiado tiempo ante un cuadro. No soy experta así que ¿para qué fingir que sé lo que no sé?
Y, bueno, en los de arte contemporáneo… ya ni entro. No me entero de nada
Besos
Nanny-Ogg
20 de August, 2007