Pongamos que fumo veinte cigarrillos al día. Una barbaridad. Cada pitillo me acerca un poquito más a la tumba, lo sé. Pero bueno, la tumba me está esperando desde que nací, digamos que sólo estoy haciendo el proceso mucho más desagradable. De esos veinte, como mucho cinco son “imprescindibles”. El primero de la mañana, con las legañas aún puestas. Los de después de comer. Y, sobre todo, El Pitillo: el que me fumo sola, tranquila, sentada en el balcón mirando al mar y sin pensar en nada. No sabe mejor, no es más largo. No estoy haciendo nada más que quemar tiempo. Pero ése es al que me cuesta renunciar. Por él, termino fumándome los diecinueve restantes. Por que, en realidad, lo mismo da si fumas uno o cincuenta. Basta con que haya uno del que no puedes prescindir. Ése es el que me hace adicta, el que echo de menos cada vez que dejo el tabaco, el que estoy tratando de recuperar cuando enciendo un cigarrillo después de meses de abstinencia. Lo demás es cuestión de tener tiempo para dedicarte al vicio y dinero para pagártelo.
2 estupefact@s en “Adicciones”
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Grrrr
(aversinosvemosqueyastabien)
Yo, por supuesto
15 de August, 2007
A mí al que más me costaba renunciar era al de después de las comidas, con mi café… y al final lo hice. Aún no sé cómo pero lo hice.
Besos
Nanny-Ogg
15 de August, 2007